Un museo para armar. Gestión y transformación del Museo Comunal de Peyrano.

Almacén de Ramos Generales “Casa Los Vascos”. Exposición montada dentro del Museo. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.

El Museo en su 30° aniversario. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.

Visita de escolares, recorriendo las salas de exhibición. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.

Laboratorio de Conservación y restauración, recientemente inaugurado. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.

Campaña arqueológica en el Sitio Ángela Villamil. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.

Carlos Abel Tellechea


Licenciado en Museología y repositorios culturales y naturales (UNDAV). Técnico Conservador de Museos. Docente asignatura Públicos y difusión en la Licenciatura en Museología y conservación del patrimonio, de la Universidad Nacional de Rosario. Director de patrimonio del Museo Comunal de Peyrano. Co-director proyecto arqueológico Género y prostitución en Peyrano: Las casas de tolerancia, aportes a las identidades locales. Miembro del ICOM. 

Por Carlos Abel Tellechea *


El 1° de diciembre de 1991, los vecinos y vecinas del pueblo de Peyrano, al sur de la provincia de Santa Fe, se reunieron nuevamente en la vereda del edificio de la antigua comuna levantado en 1922, frente a la Plaza Colón, por Luis Menini, un constructor nacido en Hérimoncourt (Francia) que se encontraba radicado en una localidad vecina a nuestro pueblo. Los vientos cambiantes del país y los magros recursos de la por entonces Comisión de Fomento, hicieron que el proyecto inicial no lograra concretarse en su totalidad. Y ya en la década del 80, cuando el inmueble resultaba insuficiente para las tareas administrativas, fue abandonado como sede política y pasó a ser el obrador comunal.


Pero regresemos a 1991, año del centenario de la localidad; cuando el presidente comunal Laureano E. Rufach decidió culminar el año de celebraciones con la inauguración de un museo, recuperando para tal fin el antiguo edificio municipal en el plan de “Preservar bienes y documentos relacionados con la historia lugareña”. (1)


La iniciativa era muy auspiciosa, sin embargo, gestionar y sostener instituciones culturales en nuestro país nunca ha sido tarea sencilla. Conocidas son las dificultades que han tenido personajes como Enrique Udaondo, quien de su propio bolsillo, en 1925 solventó distintas carencias del Museo Histórico y Colonial de Luján, hoy Complejo museográfico Udaondo, como la falta de espacio para lo que donó terrenos y el dinero para construir salas. (2) Actualmente la mayoría de los museos públicos en nuestro país son financiados por el Estado (nacional, provincial, municipal o comunal), alcanzando dicho financiamiento en países latinos a más del 95% del presupuesto. (3) En este escenario, la falta de recursos, el espacio insuficiente, la escasez de personal y las carencias en la capacitación son algunas de las demandas por las que atraviesan las instituciones museísticas del país, agravadas cuando se encuentran en pequeñas localidades. 


En ese contexto, posicionar al Museo de Peyrano en el ámbito museológico provincial y nacional, acercarlo a la comunidad y establecer e incentivar la llegada de donaciones que nos permitieran dinamizar los contenidos y relatos, fueron algunos de los primeros objetivos que encaramos.


Puertas adentro se hacía necesario implementar un plan de profesionalización de todas las acciones. Para ello nos zambullimos en las colecciones, para ver y preguntarnos críticamente qué es lo que el museo había “conservado” en casi tres décadas de vida, y a generar exposiciones a partir de eso. Necesitábamos que la comunidad y las distintas gestiones políticas miraran al museo con ojos renovados. 



Un cambio en la ecuación: salas de exhibición y depósito


Los museos en general conservan en sus reservas alrededor del ochenta por ciento de las colecciones. (4) El depósito del MCP lejos estaba de cumplir las condiciones mínimas de conservación y por falta de salas de exhibición, buena parte de su patrimonio se encontraba allí guardado. En ese momento nos enfrentamos a la siguiente ecuación: numerosos bienes preservados en depósitos, en regulares condiciones, a lo que se sumaba la disponibilidad de solo tres salas de exposición. Y estas salas exhibían la colección de la familia fundadora con un mobiliario que resultaba imposible trasladar o conservar en otro sitio. En medio de ese proceso dio inicio una nueva gestión comunal en la localidad, y recibimos la sugerencia de profundizar las acciones desplegadas desde la institución. Si bien estábamos de acuerdo, nos preguntábamos cómo hacerlo. 


Sala Familia Peyrano. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.



Superamos esta encrucijada al desarrollar una reserva técnica habilitada al público y la incluimos en el recorrido del visitante. La tarea nos obligó a tratar cada uno de los objetos, conseguir mobiliario adecuado y mejorar las condiciones edilicias del sitio destinado para tal fin. Y para cumplir con este plan, a lo largo de estos años recurrimos a distintas vías de financiamiento, además del presupuesto proporcionado por la comuna local. Presentamos diversos proyectos en distintos organismos, gestionamos subsidios provinciales, logramos la asistencia del fondo Ibermuseos, y fue posible digitalizar parte del archivo histórico gracias al apoyo del Centro Cultural Parque de España.


Paralelamente con el trabajo interno, la estrategia fue buscar aliados puertas afuera. Reforzar relaciones con las escuelas y otras instituciones como el Centro Tradicionalista “La Posta” con el que desarrollamos un programa de exposiciones, charlas y encuentros de carácter anual. Así hemos organizado importantes muestras de platería criolla, de textiles tradicionales y de soguería. Esto nos permitió llegar a un público que hasta ese momento no había puesto un pie en el museo. 



El presente


Hoy seguimos transitando un proceso de transformación en el que se pueden ver cristalizados algunos objetivos que comenzamos a activar hace aproximadamente una década. Esto fue actuando como catalizador y desencadenante de situaciones inesperadas. Por ejemplo, el Fondo Ibermuseos se destinó para preservar la colección de fotografías. A raíz de ello comenzó a llegar en donación un importante número de fotografías de bodas, que en su mayoría no ingresaban al museo solas, sino que lo hacían acompañadas de los respectivos vestidos que las novias lucieron en sus retratos, siendo estos representativos de la moda de buena parte del siglo XX. 


En procesos de estas características, es fundamental la participación de la comunidad. Y para ello comprendimos que era imprescindible contar, comunicar y transparentar las acciones y tareas que realizábamos puertas adentro de la institución. En los museos, cada acción abre nuevas ventanas y éstas llevan a otras. La gestión de estas singulares organizaciones en nuestro contexto, sin dudas, conlleva una gran dosis de creatividad, pero también de sensibilidad. El desafío siempre es tensionar el límite de lo posible y buscar aliados que respalden y defiendan el proyecto. 


En Peyrano el museo sigue creciendo y entramándose en la región. Prueba de ello es el proyecto de arqueología “Género y prostitución en Peyrano: las casas de tolerancia, aportes a las identidades locales” que estamos llevando adelante con un equipo de docentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario, con la autorización del gobierno provincial. 


Y llegamos al 2022 con la inauguración del laboratorio de conservación y restauración, primero del sur santafesino subvencionado en su totalidad por la comuna local. 


Americana de Augusto Peyrano Bett, donación de Alberto Ravier Peyrano. Fotografía: Gentileza Museo de Peyrano.



En este proceso de evolución continua, nos preguntamos: ¿cuándo puede decirse que el modelo de gestión de un museo es exitoso? Y creo la respuesta se puede expresar así: cuando éste empieza a permear en sus comunidades, cuando ellas sienten orgullo de su institución, cuando expresan que el museo es el mejor lugar para que sus recuerdos se preserven, cuando colegas y especialistas se sienten tentados a trabajar en él, cuando una publicación de la importancia de ésta posa su mirada en un museo de una comunidad pequeña, en un pueblo rural del sur santafesino…


La propuesta es un camino. Queda mucho por realizar, los invitamos a visitar el museo y ser parte de sus sueños y sus logros. 


El Museo Comunal de Peyrano abre de lunes a viernes, de 8 a 13 horas, y los martes, miércoles y jueves, también por la tarde, de 16 a 19 h. Además, funciona con la modalidad de visitas “a la carta” contactándose previamente por medio de las redes sociales y al mail del museo: [email protected] o en su propia sede.


Su dirección es: Avenida Centenario 1005 en Peyrano. Teléfono: 03460 470373.


https://m.facebook.com/museode.peyrano.5 

https://instagram.com/museodepeyrano



Notas: 

1. Libro de Actas comunales 1988 – 1993. Ordenanza 483/90. Archivo Museo de Peyrano.

2. Blasco, M. (2011). Un museo para la colonia: el Museo Histórico y Colonial de Luján 1918 – 1930. Rosario: Prohistoria ediciones.

3. Mairesse, F. (2013). El museo hibrido. Buenos Aires: Ariel.

4. Herrero Delavenay, A. (2013). De almacén a centro de conservación de colecciones. ICOM España Digital, 1 (nº 3), 8.



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