El hombre
Financiero, político, escritor y coleccionista, ciudadano de España y catalanista, Francisco de Asís Cambó i Batlle, nació en Vergés, pequeño pueblo de Gerona el 2 de septiembre de 1873. De familia modesta, terminados sus estudios fue a Barcelona donde se colocó en una farmacia. En esos días alterna libros con trabajo. Bachiller primero y abogado de profesión después.
Inició su actividad política a los 19 años, concejal a los 24 y diputado a las Cortes desde los 29, siempre por el partido catalanista de inspiración conservadora, denominado la Lliga Regionalista, del que desde 1917 fue el líder indiscutible. Ministro de Fomento [1918], y de Hacienda [1921-1922] en sendos gobiernos de Antonio Maura. Nuevamente diputado en la segunda legislatura de la República en 1933 [1].
Desde 1920 trabajó para la empresa española CHADE [Compañía Hispano-Argentina de Electricidad] que suministraba electricidad al gran Buenos Aires, la cual pertenecía a un conglomerado del holding eléctrico de la AEG germana. En su sede social de Barcelona organizó una oficina económica y jurídica. Fue el vicepresidente del consejo de Administración hasta 1926 y luego presidente hasta su muerte en 1947. Llegó a ser miembro del consejo de administración de 19 sociedades alemanas, francesas, belgas, suecas, españolas, argentinas, uruguayas y mexicanas, la mayoría de ellas eléctricas [2].
Empresas culturales
Durante la década de 1920, mientras permaneció apartado del escenario político, Cambó promovió la creación de varias instituciones orientadas a la difusión de los estudios sobre la cultura y la lengua catalanas: la Fundació Bernat Metge para la traducción de las principales obras de los clásicos griegos y latinas al catalán, al cuidado de un grupo de filólogos de prestigio; la Fundació Bíblica Catalana dedicada a la traducción de la Biblia al catalán por parte de un excepcional equipo de expertos; la Fundación Hebraico-Catalana que tuvo a su cargo la traducción de obras hebreas, y la Editorial Alpha con el objeto de difundir los estudios catalanistas. También promovió la publicación Monumento Cataloniae, un conjunto de excepcionales volúmenes sobre las diversas facetas del arte monumental en Cataluña.
Formación de la colección
Entre 1922 y 1936, comprando obras de grandes maestros Cambó logró reunir una pinacoteca privada excepcional, que llegó a ser la segunda de España, después de la del duque de Alba. Concebida con la clara intención de donarla, tras su muerte, una parte llegó al Museo del Prado de Madrid para salvar algunas de las lagunas sobre todo de pintura italiana del Trecento y del Quattrocento, y la otra, al Museo de Barcelona destinada a proporcionarle pintura del Renacimiento, en cuyo capítulo esta colección pública era escasa.
Adquirió pintura italiana, francesa, flamenca y española de los siglos XIII al XVII. Cuadros de Botticelli, Tintoretto, Fra Angelico, El Veronés, Correggio, Lippi, Tiziano, Tiépolo, Rafael, Rubens, Cranach, Gainsborough, Van Dyck. Quentin de La Tour, Fragonard, el Greco, Murillo, Zurbarán, Velázquez y Goya, invirtiendo en ello buena parte de su fortuna.
Un tramo significativo de su colección procede de una operación de compra llevada a cabo en 1929 de la colección formada en París por el pintor George Spiridon, quien había adquirido en Italia cuadros de la colección del cardenal Fesch. Aquel conjunto fue heredado y acrecentado por sus hijos Ludovico y Joseph Spiridon. La parte heredada por Ludovico, con sede en Roma, fue subastada en Amsterdam en 1928. La de Joseph [1845-1930], más relevante que la de su hermano, se concentraba en la pintura italiana temprana, incluyendo notables ejemplos de pintura toscana de los siglos XIV y XV, estaba exhibida en su casa de la rue Ballu, en París, donde llegó a reunir 79 obras. Estaba considerada entre las mejores colecciones privadas de pintura italiana y muchas piezas eran bien conocidas gracias a la literatura de la historia del arte. Tras largas negociaciones, y contando con la colaboración de distintos expertos y marchantes, Cambó compró la colección completa con la intención de subastarla reservando para sí las piezas que le interesaban.
En sus Memorias publicadas póstumamente, Cambó revela los entretelones de su adquisición: «A Mr. Spiridon se le habían hecho ofertas tentadoras para comprarle alguna pieza de su colección. Él las había rechazado siempre: él podría vender toda la colección, pero no quería rebajar sacando alguna de las mejores piezas. Y la compra de toda la colección significaba un desembolso demasiado considerable. Visité la colección Spiridon, horriblemente instalada, y allí encontré casi todo lo que en pintura primitiva italiana pudiera interesarme. La decisión de Spiridon de no vender piezas aisladas me imposibilitaba hacer ninguna adquisición. A fuerza de darle vueltas, vi que si yo decidía correr un riesgo, podía realizar mi propósito: entenderme con un marchante de mi confianza para comprar toda la colección, y hacer después una venta pública en la que yo adquiriera los cuadros que me interesaban. La ejecución del plan no era cosa fácil».
A renglón seguido detalla sus pasos siguientes: «De entrada, para disminuir el riesgo, era preciso que por expertos y marchantes competentes y honestos yo tuviera una estimación de valor; después, un marchante tenía que negociar con Mr. Spiridon. Una vez comprada la colección, había que trasladarla a la ciudad donde la venta pública ofreciera mayores probabilidades de éxito, y, finalmente, se tenía que hacer el catálogo, preparar el reclamo internacional para obtener la concurrencia de los grandes marchantes, de los grandes coleccionistas y de los principales Museos del mundo, sobre todo de los americanos. Y todo esto tenía que hacerse sin que nadie sospechara que yo era el comprador».
Refiere como cerró el trato con Spiridon: «Por fortuna, y a base de una organización perfecta que me divirtió como si condujera una campaña política, todo el plan pudo realizarse a la perfección. La negociación con Mr. Spiridon fue muy larga y difícil: tan pronto parecía que habíamos atado cabos, como parecía que no había ninguna esperanza ...Por fin decidió firmar, ¡y firmó! El precio a pagar era fuerte y tenía que hacerse efectivo inmediatamente. Yo no disponía en dinero líquido de la suma necesaria, y me fue preciso pedir a un Banco la apertura de un importante crédito». Y refiere su intención: «Mi propósito era subastar la colección Spiridon, quedándome yo las obras que deseaba. Naturalmente, haciéndose la venta por mi cuenta yo podía subir los precios de las obras escogidas hasta cifras inasequibles para los otros, como simplemente retirarlas de la venta». Enseguida refiere el procedimiento: «La compra se hizo a nombre de dos grandes marchantes, uno suizo y otro alemán. En aquel tiempo, Berlín era el mayor mercado de obras de arte de Europa por el hecho de residir allí los mejores expertos en pintura. Por ello, establecido el trato de los marchantes con Joseph Spiridon, y de los marchantes conmigo, los cuadros fueron transportados a Berlín, donde, con la formidable documentación que allí había y con el concurso de los mejores expertos, se preparó el catálogo de la subasta [...]».
Pasa luego a detallar la subasta llevada a cabo en Berlín el 31 de marzo de 1929: «A la venta asistieron representantes de los primeros marchantes del mundo y de buen número de Museos y de grandes colecciones privadas americanas; yo fui con un interés acompañado de temor. Nunca en estas ventas puede saberse lo que pasará [...] Así se abrió la venta en el gran salón de fiestas del Hotel Explanade, lleno de bote en bote, sin que pudiéramos saber si íbamos a un éxito brillante, que me daría las obras que pretendía, a un buen precio, o si la venta sería un desastre y sufriría una considerable pérdida. Yo tenía en el catálogo señalado el precio en que habíamos estimado cada cuadro al hacer la compra. Desde el primer momento vi que los precios a que se vendían las pinturas superaban casi siempre los de nuestras estimaciones. Esto me animó a ampliar aún más las compras que tenía decididas. Ninguna de las adquisiciones las hice directamente. Había repartido los encargos a diferentes marchantes que no se conocían. Cada uno de ellos sabía que compraba para mí, pero no sabía que comprara nadie más. Al acabarse la venta, nadie sabía que había sido yo el principal comprador» [3].
El catálogo mencionado por Cambó era lujoso, ilustrado y de tirada limitada [4].
Cabe agregar que de las 79 obras de las que se componía la colección Spiridon, Cambó logró hacerse de 27, entre ellas la mayoría de las que constituirían, años después, su donación al Museo del Prado.
Además de la colección Spiridon, Cambó adquirió ese mismo año El charlatán y El Minué, de Tiépolo, que formaba parte de la colección que había pertenecido al príncipe Papadoppoli. La casualidad quiso que uno de los albaceas del príncipe fuera el conde Volpi, gran amigo de Cambó, quien al ser preguntado si aquellos cuadros estarían en venta le dijo que sí, mientras la venta fuera discreta, como pedía la princesa viuda. Mussolini había dicho que la colección no saldría de Italia. Pero, dispuesto a salirse con la suya, Cambó recurrió al conde de la Viñaza, embajador español en Roma, acordando que el ministro de Hacienda autorizara la venta del cuadro a cambio de que el Estado pudiera cobrar los crecidos derechos sucesorios que se adeudaban, más una suma aparte para la joven princesa viuda y sus tres hijas, a fin de que ¡pudieran vestirse en París! De ese modo se liberó la salida de los cuadros [5]. Otra de sus adquisiciones fue un retrato de Murillo [hoy considerado de Claudio Coello] de la colección Holford, una de las más importantes de arte privado de Inglaterra durante los siglos XIX y XX [6].
La colección fue encontrando su forma definitiva [7], dispersa por diferentes espacios de los dos últimos pisos del edificio que mandó construir entre 1921-1925 en el número 30 de la barcelonesa Vía Laietana, obra del arquitecto Adolf Florensa i Ferrer. El séptimo piso destinado a oficinas y el octavo a vivienda familiar. Decidió no vivir en el piso principal, sino en el ático y en el sobreático, de 800 metros cuadrados cada uno, y además se hizo diseñar en este último un pequeño jardín por el famoso arquitecto francés Jean-Claude Forestier. Allí tenía unos panneaux con escenas del Decamerón y el espléndido retrato de Michelle Marullo [quizás el mejor retrato del Quattrocento italiano] pintados por Sandro Botticelli. Solía pasar sus noches leyendo a Plutarco o a Tito Livio. Apasionado de los automóviles [a su muerte tenía dos Rolls Royce, un Packard y un Austin], había remontado el Nilo hasta Abu Simbel a bordo de su yate “Catalònia”.
En Buenos Aires
La guerra civil española sorprendió a Cambó en el exterior, pero pudo reunir en Suiza sus pinturas dispersas en diversos lugares, salvo las que quedaron en el Prado para restauración: el Tiziano, el Sebastiano del Piombo, el Correggio y el Greco. Nada supo de un retrato de hombre, barbado y con sombrero, probablemente de Franz Hals, además del niño o niña del mismo gran pintor y tampoco de una tabla de Brouwer, representando una escena popular. Radicado en Montreux con los suyos -familia, colaboradores, secretaría-, al terminar la guerra civil viendo día a día la dureza del régimen de Franco con amigos y colaboradores suyos, a pesar de sus esfuerzos en favor de aquella causa, decidió no regresar a España. En mayo de 1940 los ejércitos alemanes invadieron Holanda, Bélgica y ocuparon Francia. En julio Cambó salió de Suiza en avión, pasó unos días en Barcelona y Madrid --donde presidió un Consejo de la CHADE- y se dirigió a Portugal, alojándose en Estoril. A principios de agosto embarcaron en el «Excalibur» camino de Nueva York, donde residieron y en 1941 se instaló en Buenos Aires [8].
Cambó sabía que su tarea de coleccionista había terminado y que, lo que en orden a selección y depuración no había realizado hasta entonces, no podría hacerlo ya jamás. Fue así que el 21 de abril de 1941 escribió a Sánchez Cantón, entonces subdirector del Museo del Prado: «Mi propósito es ceder buena parte de mi colección, desde luego mis primitivos italianos, al Museo del Prado. Yo estaría dispuesto a dar comienzo, desde ahora, a la realización de mi propósito, si pudiese conseguir que se me permitiera que, mientras yo esté en América, pudieran estar conmigo algunos de los cuadros que tengo en España. La propuesta que se me ocurre es la siguiente: yo entregaría, desde luego, al Prado mi cuadro de Giovanni da Ponte, mis tres grandes panneaux de Botticelli, dos primitivos, atribuidos generalmente a Taddeo Gaddi, y por muchos críticos, entre ellos Berenson, a Pietro Nelli, y el fresco de Melozzo da Forlì. Yo cedería, desde ahora, estos cuadros en propiedad al Museo, reservándome el derecho, que probablemente no haría efectivo, de poder tener en mi casa y compañía, cuando yo residiera en España y durante mi vida, los panneaux de Botticelli, los Taddeo Gaddi y el Melozzo; el Giovanni da Ponte no se movería ya del Prado, donde podría hacer un magnífico pendant al Fra Angélico».
Aunque algunas atribuciones y dataciones han sido modificadas a la luz de estudios posteriores, se trata en general de buenos ejemplos de pintura italiana del primer renacimiento, de la que no había representación en el Prado.
La obra de Giovanni da Ponte era una tabla en la que se representaban Las siete artes liberales, destinada originalmente a decorar un cassone florentino; probablemente perteneció a la colección Toscanelli [Pisa], de la que pasaría a la colección del príncipe de Villa Franca, de donde lo adquirió en 1898 Joseph Spiridon.
Los «tres grandes panneaux de Botticelli» son los tres primeros cuadros de los cuatro encargados al artista en 1483 con motivo del enlace de dos miembros de sendas familias florentinas, en los que se reproducía la historia de Nastagio degli Onesti, narrada por Boccaccio en el Decamerón. La serie completa fue adquirida por Alexander Barker en 1868 a la familia Pucci, de Florencia, para la que fueron pintadas; a su muerte, en 1879, pasaron a la colección I. R. Reyland, y en 1892 la compró el francés Gustave Aynard, diputado del departamento del Ródano, quien vendió tres a Joseph Spiridon y la cuarta a Vernon Watney.
Respecto de las dos tablas que Cambó atribuyó a Taddeo Gaddi, San Eloy en el taller de orfebrería y San Eloy ante el rey Clotario, son las que actualmente se consideran realizadas por el Maestro de la Madonna de la Misericordia, pertenecieron a la colección Toscanelli [Pisa]. Joseph Spiridon las adquirió en 1898. La serie tiene una tercera obra [Los funerales de san Eloy] en la colección Drey, de Múnich.
Por último, la obra atribuida a Melozzo da Forlì, pintura al fresco actualmente considerada copia tardía, representa un Ángel músico o Imitación. En 1904 pertenecía a Simonetti [Roma], de quien la adquirió Joseph Spiridon.
El Patronato del Museo aceptó y agradeció formalmente a Francisco Cambó su generosidad en sesión celebrada el 5 de mayo de 1941 [9].
Cambó, previo a iniciar los trámites en España para el traslado de sus pinturas, con toda cautela y precaución, a través de su mandante, don Rafael Vehils, se dirigió a la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación Argentina [único órgano jurisdiccional competente para resolver a tenor de la Ley que la creó, número 12.665 de octubre 8 de 1940], en consulta formulada el 29 de noviembre de 1941, a la que contesta el presidente de la Comisión, doctor Ricardo Levene, anticipando su personal criterio, que se confirma por dictamen de la Comisión en pleno que, en 22 de diciembre dice: «Los miembros de la Subcomisión de Museos que suscriben ha tomado en cuenta la consulta formulada por el señor Rafael Vehils, sobre la situación en que se encontraría con respecto a las disposiciones de la Ley 12.665, una colección de cuadros en que figuran telas de pintores célebres y que su propietario piensa introducir al país, «Tratándose de cuadros procedentes del extranjero, con conocimiento de esta Comisión Nacional, creemos que no deben quedar sometidos a la disposición del artículo 5° de la Ley ni a las disposiciones reglamentarias que la complementan».
Por su parte, la Dirección General de Aduanas española, con fecha 9 de diciembre de 1941, comunica a la Aduana de Bilbao lo que sigue: «Por haberlo así autorizado el Consejo de Ministros, según comunica a este centro la Dirección General de Bellas Artes en Orden fecha 8 del actual del Ministerio de Educación Nacional, sírvase permitir la salida eventual a Buenos Aires con destino a don Francisco Cambó de los cuadros que a continuación se detallan: Retrato de Vicente Morosini, por Tintoretto.
-Retrato del Notario Laideguive, por Quintin Latour.
-Retrato de Lady Thomas Arundell, por Rubens.
-Retrato de Lady Spencer, por Gainsborough.
-Retrato de negro, por Benjamín Cuyp.
-Retrato de mujer, por Sebastiano del Piombo.
-Retrato de Laura Dianti, por Tiziano.
-Eva, por Correggio.
Retrato de Pierre-Louis Laideguive, pastel sobre papel de Maurice-Quentin de La Tour [1704 - 1788], conservado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Una de las pinturas que Asís Cambó disfrutó en Buenos Aires.
Los expresados cuadros serán documentados con factura de exportación libre de derechos, en la que se hará constar con todo detalle los cuadros de que se trata, expresándose en dicho documento la circunstancia de que se expide a los efectos de que sirva de justificante en el momento del regreso a España de los artículos a que la misma se refiere, que serán embarcados en el CAODE HORNOS.»
A estas ocho pinturas se une, con idénticos trámites, en julio de 1946, Amor y Psique de Goya.
Entonces se gestionó el envío a España de aquellas que Cambó donaba al Museo del Prado y habían quedado en Suiza. El 18 de enero de 1942 se recibían las pinturas en el Museo, y el 27 de febrero del mismo año eran expuestas al público en las salas de pintura italiana.
Los cuadros llegados a Buenos Aires desde España fueron instalados por Cambó en el amplio segundo piso del inmueble de Avenida Alvear 4654, que era su domicilio, edificio demolido que hoy sería Avenida del Libertador 3754 entre Sinclair y Godoy Cruz, frente a la plaza Holanda y en su quinta Mon Repós en el casco céntrico de San Miguel, casa de dos plantas, blancas paredes, rojas tejas, estilo colonial con toques andaluces.
Cambó formó aquí otra biblioteca, al punto que el escritor Luis Horacio Velázquez, que llegó a presidir la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, recuerda que desde la fecha de su radicación en Buenos Aires «se dedicó a la adquisición de libros y documentos sobre la conquista y colonización de España en América, logrando reunir una espléndida bibliografía sobre la materia» [10].
Destino de la colección
Francisco Cambó falleció el 30 de abril de 1947. En el diario La Nación se recordó la voluntariosa labor del difunto [11]. Sus restos fueron velados en el domicilio de la entonces Avenida Alvear, y previo paso por la parroquia de San Agustín, sepultados en el Cementerio del Norte.
Bajo un último testamento otorgado en Buenos Aires en 4 de noviembre de 1946, ordenó el legado a Barcelona del resto de sus cuadros, porque de los demás había dispuesto ya en vida. Su tardío matrimonio poco antes de morir en 1946 con Mercé Mallol y el reconocimiento de su hija Helena le permitió designar a ésta como su heredera universal. En sus disposiciones testamentarias prevé que su hija y heredera pudiera escoger una sola obra del conjunto, en testimonio y recuerdo de la colección, en circunstancias normales. Sólo en el caso -que ocurrió- de producirse un minusvalor en la herencia, le confería el derecho de retener y vender cuantas quisiera, facultad renunciada por Helena Cambó para no frustrar ni desmerecer la voluntad y las ilusiones y empeños de su padre. El trámite sucesorio se inició en Buenos Aires y el testamento fue aprobado el 28 de febrero de 1950.
El Ayuntamiento de Barcelona compareció acompañando el Acta Notarial por la que aceptaba el legado. La Dirección General Impositiva liquidó el impuesto y fijó la tasa de extraños y con recargo por ausentismo del beneficiario. La transferencia de fondos para el pago de impuestos fue realizada con la intervención del Instituto Español de Moneda Extranjera y del Banco Central de la República Argentina, y recibida de conformidad por el Fisco.
Pero cuando se solicitó la entrega de los cuadros, que estaban en calidad de depósito judicial, por los representantes del Museo de Barcelona, se dictó sorpresivamente el Decreto 1.298 de junio 26 de 1952, firmado por el presidente Perón y sus ministros de Justicia y Educación, invocando la protección de los derechos del Trabajador, de la Familia, de la Ancianidad, de la Educación y la Cultura, contemplados en la Constitución Nacional, y argumentando que debía impedirse la ejecución del legado porque importaría el desmedro del patrimonio cultural del país y «el incumplimiento manifiesto de la misión de tutela que en este orden de intereses espirituales ha conferido a los poderes del Estado la precitada norma constitucional». Entonces el señor Juan Zocchi, un periodista y crítico de arte nombrado director del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, aprovechando que el artículo 3.º del Decreto decía que los organismos que correspondieran adoptarían las medidas necesarias para evitar la salida del país, instó al Juez que se le nombrase depositario de los cuadros, cosa que consiguió por auto de 24 de julio de 1952, recurrido y apelado por el Ayuntamiento de Barcelona, la hija y heredera, la viuda y los albaceas testamentarios de Cambón.
Se instó un recurso contencioso. Guardans y Vallés, yerno de Cambó, viajó a Buenos Aires donde se informó de los infructuosos reclamos de Manuel Aznar y Zubigaray, embajador de España quien elevó su parecer al ministro de Asuntos Exteriores, Martín Artajo: «El magnífico desenfado con que se hacen las cosas en este país llevó al Gobierno y al Juez a adoptar las determinaciones que provocaron nuestra reacción inmediata. Por sorpresa se quiso resolver un problema que no tiene otra solución sino la de la Ley y el decoro. Por sorpresa apareció el Decreto del Poder Ejecutivo, que prohíbe la salida de los cuadros. Por sorpresa firmó el Juez la providencia que ordenaba entregarlos al Museo; y por sorpresa, finalmente, se inició el expediente de expropiación. Ahora resulta que el Juez se asombra mucho de la protesta española, porque él declara que supuso a todos de acuerdo, comprendiendo en la palabra todos al Gobierno español, al Gobierno argentino, a los herederos, a los albaceas y al Ayuntamiento de Barcelona. Y no sabe cómo salir del atasco».
Fueron inútiles las reuniones con el canciller Remorino, el subsecretario Amaya y el director del área Europa Occidental, Piaggio, pero Aznar advirtió sin que nadie se lo dijera que el asunto estaba directamente en manos del presidente Perón «y a su consideración directa y personal está sometida la resolución».
Guardáns -el yerno del coleccionista- regresó a España, donde fue recibido de inmediato por el Generalísimo y le hizo una razonada exposición sobre la medida que había dado al traste con la seguridad jurídica, entonces «Francisco Franco me dijo que dejara totalmente de preocuparme porque tomaba directamente el asunto a su cargo. El día siguiente se cursaron unas órdenes tan precisas y apremiantes al embajador Aznar que éste, sorprendido, pidió al ministro Artajo que le transcribiera el acuerdo literal del Consejo de Ministros, a lo que Martín Artajo le contestó, escuetamente, que el Consejo no llevaba Libro de Actas [...]». La presión debió ser tan fuerte que Perón derogó el Decreto por otro de tres renglones que lo dejó sin efecto «Habiendo variado las circunstancias que [lo] motivaban [...]» y las medidas provisionales de depósito dispuestas judicialmente quedaron sin base.
El temor de alguna sorpresiva nueva arbitrariedad motivó que los nueve cuadros fueron trasladados del domicilio de la familia Cambó a la Embajada española con el mayor sigilo. Allí acudió personal calificado del Museo de Barcelona para proceder a su embalaje. Y de allí salieron ocultos dentro de los cadres de muebles y ajuar del ministro consejero Fermín López Roberts, marqués de la Torrehermosa, recientemente fallecido y embarcados en el «Cabo de Hornos» que el 21 de diciembre de 1954 llegó al puerto de Barcelona. Oficialmente, lo que llevaba el barco eran los efectos personales del marqués de la Torrehermosa.
Los dos liftvans salieron del puerto hacia el Museo de Montjuich precedidos y seguidos de una caravana de coches y rodeados de motoristas de la Guardia Urbana. Lo que pasó después es historia conocida.
Coda
Personaje poliédrico y apasionante. Cambó es recordado por sus donaciones de obras de arte, o por las instituciones culturales que promovió. Fue un profesional de la política y del coleccionismo y conocía todo los secretos del oficio y las mañas de los comerciantes. Su cuerpo enjuto, su rostro ascético, de barba poblada, ojos febriles y penetrantes, lo presentan como uno esos caballeros inmortalizados por el pincel del Greco en su lienzo El entierro del conde de Orgaz. Supo enlazar su doble condición de político y coleccionista de famosas obras de arte en una frase memorable: «En política son más importantes los matices que en pintura».
No se aferró con demasiada pasión a un color. No perteneció a la Cataluña anarquista, dispuesta a arrojar la bomba, sino a la Cataluña formal, meditativa, seria y grave. No fue separatista ni españolista a ultranza. Atacado por igual por izquierdas y por derechas no se sumó a la República Popular ni al franquismo. Sin dejar de ser catalanista siempre pensó en grande, en la España bajo el único pabellón rojo y gualda.
Notas
1] Joseph Pla, Francesc Cambó: materials per una història d'aquests últims anys. Barcelona. Llibreria Catalonia. 1929. Borja de Riquer, Lliga Regionalista. La burguesia catalana i el nacionalisme [1898-1904], Barcelona, Edicions 62, 1979 y Regionalistes i nacionalistes [1898-1931], Barcelona, Dopesa. 1979. Jordi Casassas Ymbert, Francesc «Cambó i el discurs polític del regeneracionisme català», en El pensament polític català: del segle XVIII a mitjan segle XX, Barcelona, Edicions 62, 1988, p. 205-248. Jesús Pabón, Cambó, 1876-1947, Barcelona, Alpha. 1999. Enric Ucelay Da Cal, El imperialismo catalán. Prat de la Riba, Cambó, d’Ors y la conquista moral de España, Barcelona. Edhasa, 2003. Josep Termes Ardévol, «De la Revolució de Setembre a la Fí de la Guerra Civil [1868-1939]», en el Vol VI de la Història de Catalunya, obra dirigida por Pierre Vilar, Barcelona. Ediciones 62, 1989. p. 9-13 y 158-383.
2] Sobre estas actividades suyas véase Borja de Riquer i Permanyer, Francesc Cambó, home de negocis i empresari cultural, Mataró, Caixa Laietana, 2005.
3] Francesc Cambó, Memóries [1876-1936], Barcelona, Alpha, 1981. Hay edición en español de Alianza, Madrid, 1987 y una de bolsillo en catalán, publicada en Barcelona por Ed. Alpha Grup 62, en 2008.
4] Sammlung Joseph Spiridon, París. 1 vol. de [86] h. y XCVII hojas de planchas, ilustraciones, in 8°. Contiene 79 lotes y 97 planchas. Fue una tirada muy limitada de 80 ejemplares en papel Japón. Los autores del catálogo fueron el historiador del arte Oskar Fischel [1870-1939], y los expertos Paul Cassirer [1875-1926] y Hugo Helbing [1863-1968]. Fue publicado en Berlín por los editores Kunstsalon de Paul Cassirer, Galerie Hugo Helbing, Licht und Buchdruck Ganimed. Cassirer era un comerciante de arte y editor, el primero en exponer en su galería de artistas impresionistas franceses y su casa de ediciones existió de 1908 a 1921. Hugo Helbing [1869-1938], importante galerista, tenía dos sucursales en Fráncfort y Munich, y falleció el 30 de noviembre de 1938, a los 75 años, víctima de los brutales maltratos que recibió durante un violento interrogatorio a que fue sometido por la Gestapo en la «Reichspogromnacht».
5] En 1864 el famoso Palacio de la familia Coccina en el Gran Canal de Venecia fue adquirido por los ricos banqueros y condes de origen griego Niccolò y Angelo Papadopoli. En 1922, la propiedad pasó por herencia a la familia de Arrivabene Valenti Gonzaga. El palacio que tiene frescos de Tiépolo se transformó en un hotel de lujo, el Aman Venice, inaugurado en 2013.
6] Formada por Robert Stayner Holford y su hijo George, se destacó por las obras maestras de la pintura y manuscritos iluminados. Creada a partir de 1840 gracias a una gran fortuna familiar, la colección incluía piezas excepcionales de grandes maestros como Rembrandt, Rubens, Van Dyck, Diego Velázquez y Tiziano. Para exhibir esta inmensa colección, los Holford construyeron Dorchester House en 1853, un majestuoso palacio de estilo renacentista italiano ubicado en Park Lane [Londres], considerado uno de los grandes hitos arquitectónicos de la época. Tras la muerte de Sir George en 1926, la colección y la mansión fueron vendidas. En mayo de 1928, Christie's realizó una subasta récord de dos días que provocó que gran parte de estas pinturas holandesas y flamencas se vendieran a coleccionistas de Estados Unidos y otras partes del mundo.
7] Joan Sureda Pons; Alfonso E. Pérez Sánchez [Coords.], Colección Cambó. Madrid: Museo del Prado, Museu d’Art de Catalunya, 1990. Es el catálogo de 60 obras de la Colección Cambó expuesta del 9 de octubre al 31 de diciembre de 1990 cuyos Comisarios fueron Alfonso E. Pérez Sánchez y Joan Sureda i Pons. El catálogo contiene los siguientes textos: Javier Tusell, «Francisco Cambó. El hombre y el político», pp. 15-31, y «Francisco de Asís Cambó y Batlle. Apunte biográfico», pp. 33-39; Alfonso E. Pérez Sánchez, «La colección Cambó en el coleccionismo de su tiempo», pp. 41-47; Ramón Guardans Vallés, «Origen y vicisitudes de la colección Cambó», pp. 49-65; Joan Sureda i Pons, «La colección Cambó. Notas para una valoración artística», pp. 67-116, «Pintura italiana», pp. 117-355, «Pintura española», pp. 357-407, «Pintura flamenca y holandesa», pp. 409-464, y «Pintura francesa, alemana e inglesa», pp. 465-51. Resultan de interés las consideraciones de José Manuel Cruz Baldovinos, «La colección Cambó al completo», en Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, núm. 10, Madrid, diciembre de 1990, pp. 86-88.
8] Immaculada Socias Batet, «Vicissituds de la colecció d’art de Francesc d’Assís Cambó i Batlle durant el seu exili (1936-1947)», en Colleccionistes que han fet museus Barcelona: Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2018, pp. 30-61.
9] F.J. Sánchez Cantón, «El donativo de Cambó al Museo del Prado», en Arte Español, Revista de la Sociedad Española de Amigos del Arte, año XXVII de la 3ª. época, tomo XIV, primer trimestre 1942, pp. 7-14.
10] Ministerio de Educación, Dirección General de Cultura, Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, Guía de Bibliotecas Argentinas, t. II, Buenos Aires, 1955, cap. II «Algunas Colecciones y Bibliotecas Privadas», p. 474.
11] «Don Francisco Cambó. Falleció en esta ciudad», en La Nación, núm. 27.257, Buenos Aires, viernes 2 de mayo de 1947.
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