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La mano de Dios. México, 1986. 2026.

Fotografía copiada sobre papel salado -una técnica del siglo XIX que Longoni aplica con riguroso compromiso: “cada papel se emulsiona a pincel con cloruro de sodio y nitrato de plata y se expone luego a una fuente de luz; de manera que cada copia es única”-, con las siguientes leyendas realizadas por el fotógrafo: “La Mano de Dios / Foto en papel salado. Técnica del siglo XIX. Maradona en México ´86” y su firma. 


Medidas (del papel): 30,1 x 25 cm. Copia número 1 sobre una serie de 5.


Sucedió en la tarde del 22 de junio de 1986, en los cuartos de final del Mundial de fútbol que se celebraba en México. Argentina e Inglaterra, rivales con historia sobre el césped y mucho más, apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas. En la albiceleste, Diego Maradona vestía la 10 y apenas a seis minutos del segundo tiempo y con el marcador clavado en cero, inició la jugada que hizo historia. Intentó una pared con Jorge Valdano que este no pudo dominar, provocando un mal rebote del defensa inglés Hodge. La número cinco partió rumbo a su área y Maradona saltó junto al gigante arquero Peter Shilton, que sorprendido fue tras el balón. En el aire, desencajado, mordiendo los dientes, el delantero argentino se elevó y elevó con su puño cerrado al aire. Golpeó la pelota y todos, millones por la televisión, los ciento catorce mil espectadores ubicados en el Estadio Azteca, sus compañeros del equipo argentino, el árbitro y los jueces de línea la vieron entrar. Un gol increíble. Los ingleses protestaron de inmediato, reclamando que había sido convertido con la mano. Maradona les respondió: “si, con la mano… La mano de Dios”. La rivalidad en la cancha tenía otros ribetes después de aquella Guerra tan reciente, y este partido instaló a Diego Maradona en la cúspide del fútbol mundial. Pocos minutos más tarde les convirtió un segundo gol -el partido concluyó 2-1 para los argentinos-, esta vez con una jugada magistral iniciada en su propio campo, y que luego de eludir a cinco rivales, venció otra vez el arco del gigante Shilton.


Declarará Maradona tiempo más tarde en su libro Yo soy el Diego: “Como le contesté a un periodista inglés, de la BBC, un año después: Fue un gol totalmente legítimo, porque lo validó el árbitro. Y yo no soy quién para dudar de la honestidad de un árbitro”. Aquel instante fue captado por la cámara del fotógrafo argentino Eduardo Longoni. En la mañana del 22 de junio de 1986 Longoni, con apenas veintiséis años ya había cubierto el Mundial de España de 1982, tomó un taxi para llegar al Estadio Azteca y como es de imaginar el tránsito estaba imposible… Casi no lo logra. “Llegar fue una odisea, y me ubiqué mal, en el poste izquierdo de uno de los arcos, no muy lejos de donde sucedió la jugada. Tenía un lente largo, un 300 mm, que no podía usar desde allí porque cierra mucho el ángulo y tenía la red del arco que me dejaba la mitad del campo de juego sin posibilidad de fotografiar; lo hice entonces con uno corto de 85 mm.” Su cámara era una Nikon FM 2, y logró la foto del milagro. Una obra de arte. 


Eduardo Longoni (Buenos Aires, 1959), fotógrafo y docente argentino, ha forjado su estilo en el fotoperiodismo, además de participar en muestras individuales y colectivas, realizó numerosos libros de fotografía, cosechó premios nacionales e internacionales, y sus tomas ilustran libros editados en varias naciones. En el 2018 fue protagonista de un título editado por Fondo de Cultura Económica, obra del historiador mexicano Alberto del Castillo Troncoso: “Fotografía y Memoria. Conversaciones con Eduardo Longoni”.


AUTHOR EDUARDO LONGONI
LOT 107
PRICE BASE U$S 1800

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