El triunfo del Arte Prehispánico: a propósito de la exhibición Antes de América: fuentes originarias en la cultura moderna

Sala principal de la sección 3. Identidad e invención, con abstracción geométrica, esculturas, signo arcaico y abstracción lírica. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



Apartado dedicado al Taller Torres García, en el inicio de la sección 3. Identidad e invención. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



Muro frontal con obras land art y otras propuestas territoriales en la sección 4. Invención y conceptualismos. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



Sección 4. Invención y conceptualismos. Maquetas arquitectónicas, textiles, y montaje de cerámica y objetos, imitando las estanterías de un depósito de museo. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



“Una biblioteca amerindia”, correspondiente a la sección 2. Reinterpretación e identidad, con manuales de arte ornamental, carpetas de fotografía, carteles, grabados, catálogos de exposiciones, tarjetas postales, libros y revistas ilustrados. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



Muebles, tejidos y diseños sudamericanos en la sección 2. Reinterpretación e identidad. Fotografía: Dolores Iglesias. Gentileza Fundación Juan March, Madrid.



María Alba Bovisio

Doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, profesora titular de Historia del Arte Prehispánico de esa institución, donde también se desempeña como investigadora y docente de posgrado, y profesora de Arte Amerindio en la Maestría en Historia del Arte de la Escuela IDAES de la UNSAM.

 

En 2022 fue designada como académica de número por la Academia Nacional de Bellas Artes.

 

Su tesis doctoral: “De imágenes y misterios: el problema de la interpretación del «arte» prehispánico” (2008) ha sido publicada parcialmente en diversas revistas especializadas. Es autora de Arte vs. Artesanía: algo más sobre una vieja cuestión y co-autora, junto a Marta Penhos, de Arte indígena: categorías, prácticas y objetos y junto a Juan Carlos Radovich de Arte Indígena en Tiempos del Bicentenario. Ha participado en varios volúmenes dedicados al Arte y la cultura Amerindios.


Por María Alba Bovisio *

El 6 de octubre de 2023 se inauguró en la sede de la Fundación March en Madrid la muestra Antes de América: fuentes originarias en la cultura moderna, curada por el comisario invitado Rodrigo Gutiérrez Viñuales, al que se sumaron los responsables del equipo de la Fundación, Manuel Fontán del Junco y María Toledo. Tuve el placer de estar allí ese día y de poder recorrer, en varias visitas, esta magnífica y monumental muestra dedicada a las formas en que la cultura moderna y contemporánea se apropió del legado de las antiguas culturas indígenas que poblaron el enorme territorio que se extiende desde Alaska hasta Tierra del Fuego, antes de que este fuese bautizado con el nombre de “América”. En el espléndido, y también monumental, catálogo de 620 páginas se incluyeron textos de una treintena de especialistas y se publicaron las más de 600 obras exhibidas, a las que se suman algunas que por diversas razones quedaron fuera.

 

“Monumental” es el adjetivo que se me impuso en relación a esta exhibición desde que conocí el proyecto - cuando Rodrigo me invitó a participar con un texto para el catálogo- puesto que era un empresa grandiosa y compleja reunir esa enorme cantidad de obras procedentes de numerosas colecciones y montarlas de modo tal que se hiciese visible y tangible esa larga y vasta historia de apropiaciones y resignificaciones desde fines del siglo XVIII hasta nuestros días. Historia que Rodrigo reconstruyó minuciosa y -me tomo el atrevimiento de decir- obsesivamente, a través del registro de obras de diversa índole (pinturas, grabados, esculturas, objetos, instalaciones), documentos, publicaciones, etc., a lo largo de varios años. Este material se presentó organizado en cuatro secciones que cruzan la variable conceptual y temporal:

 

Registro y reinterpretación (1790-1910): sección dedicada al rico corpus de imágenes producidas a partir de la experiencia de los viajes transatlánticos y las expediciones científicas. Aquí pueden verse dibujos arqueológicos, paisajes, proyectos para los pabellones universales, atlas de antigüedades y cuadros de género histórico (recreaciones del pasado indígena), que ilustran la mirada(s) europea(s) sobre América.

 

Reinterpretación e identidad (1910-1940): en esta sección se reúnen obras en las que se manifiesta el rol del pasado prehispánico en la consolidación de una modernidad nacional. Reviste particular interés la puesta en evidencia de: la relevancia de las artes aplicadas en este período (diseño gráfico, textil, joyería, mobiliario, cerámica), la proyección del rescate modernista de lo autóctono en la educación escolar y la presencia de temática y estética prehispánica en el teatro, el cine y la música, de lo se da testimonio a través de fotografías, discos, afiches, etc.

 

Identidad e invención (1940-1970): sección en la que se hacen presentes Joaquín Torres García y la Escuela del Sur con su huella indeleble en el arte rioplatense, impronta que se proyecta en la plástica de todo el período. Se suman las expresiones artísticas estadounidenses que posaron su mirada sobre las artes nativas, como así también, las apropiaciones desde el surrealismo tardío y las corrientes abstraccionistas.

 

Invención y conceptualismos (1970-2023): predomina aquí el arte conceptual en sus múltiples expresiones, instalaciones, performance, video arte ,y se hacen patentes las nuevas preguntas acerca de los vínculos entre el pasado prehispánico y el presente; sobre todo las que se hacen artistas latinoamericanos que se sienten interpelados por ese pasado que se manifiesta de manera contundente en una cultura material (piezas líticas, cerámicas, textiles, edificios, santuarios)  que es parte de su herencia, y a la que ponen en diálogo con las otras herencias propias de la contemporaneidad (nuevas materialidades, nuevas problemáticas).

 

El día de la inauguración, Rodrigo me dijo (palabras más, palabras menos): “No puedo creer que hayamos logrado concretar esta exposición, yo siempre pensé que esta investigación desembocaría en un libro, pero por su magnitud me parecía demasiado para una muestra. Por suerte encontré un espacio donde fue posible”. Efectivamente, Rodrigo con el apoyo y participación de Manuel y María y de todo el equipo de la Fundación, lo lograron, y este logro representa, a mi juicio, una doble victoria: la de quienes llevaron adelante este desafío y, aunque suene un tanto abstracto, la del arte prehispánico como legado ineludible.

 

A partir de la Conquista el arte prehispánico siguió un complejo derrotero material y simbólico: durante la época colonial su condición osciló, fundamentalmente, entre la de objeto idolátrico que debía ser destruido -salvo las piezas de oro y plata que por su valor monetario se trasformaban en lingotes-, y el de “curiosidad”, metonimia (al igual que los especímenes de flora y fauna) del Nuevo Mundo, ese espacio anómalo, extraño y extraordinario que se colectaba en los gabinetes de maravillas [1].

 

A partir del último tercio del siglo XVIII, momento en el que se ubica el inicio del recorrido de Antes de América, se da un giro en el modo en que se conciben a estos objetos. Alexander von Humboldt es uno de los personajes que con su labor marca un cambio de paradigma, el objeto prehispánico pasa a considerarse un “documento del pasado”. En el Atlas pintoresco que acompaña las Vistas de la cordillera y monumentos de los antiguos pueblos de América (1810) presentó una docena de planchas con imágenes sobre “antigüedades y monumentos” rescatados por su valor histórico-arqueológico. La reivindicación de la importancia de conocer la producción escultórica y arquitectónica prehispánica implicó sumar a los objetos coleccionados en gabinetes y museos europeos, las imágenes (dibujos y grabados primero, fotografías y films, después) de aquello que no se podía trasladar. Los artistas acompañarán tanto a naturalistas como a arqueólogos generando estas nuevas colecciones. Ahora no solo se recolectarán los objetos en su formato material sino icónico. Este universo de imágenes multiplica la presencia y circulación de las obras prehispánicas en el mundo moderno.


La primera mitad del siglo XX es el momento en que los objetos prehispánicos adquieren un nuevo sentido para la mirada europea impregnada del primitivismo que caracterizó el desarrollo del arte de vanguardia (cubistas, fauvistas, dadas, expresionistas), articulado con los intereses de la etnología [2]. Se instaura, entonces, una nueva dimensión, la estética, que funcionará más allá de los valores religioso, histórico, mercantil o exótico. El contacto con el arte de las colonias de África y Oceanía favoreció el desarrollo del “gusto” por el “arte negro” al que se homologó el de los pueblos amerindios. Pero esta apertura hacia la dimensión estética y artística del arte de los Otros, implicó en cierta medida un gesto colonial: la máscara africana, la escultura azteca, el fetiche polinesio, devienen en “obras de arte” porque se “parecen” a las obras de Picasso, Braque, Brancusi, Moore y la de todos aquellos que bregaban por una auténtica ruptura con la tradición académica [3]. El “arte de los otros” terminó siendo reivindicado porque respondía a los anhelos de la vanguardia occidental, operación que lo descentraba volviéndolo una mera función de Occidente.

 

Sin embargo, el arte de “antes de América” se ha resistido a esta funcionalización/domesticación, tal como demuestra el poder de interpelación que mantuvo a lo largo de siglos y mantiene hasta nuestros días. Vienen a mi mente las palabras de Octavio Paz refiriéndose a la grandiosa escultura azteca de la Coatlicue, desenterrada en el siglo XVIII y vuelta a enterrar por temor a que su poder sagrado estuviese aún vigente entre los pobladores náhuatl [4]: “En lo alto de la pirámide o enterrada entre los escombros de un teocalli derruido, escondida entre los trebejos de un gabinete de antigüedades o en el centro de un museo, la Coatlicue provoca nuestro asombro. Imposible no detenerse ante ella […] Suspensión de ánimo: la masa de piedra, enigma labrado, paraliza nuestra mirada” [5]. Asombro, admiración, temor… jamás indiferencia.


Este es el poder que se “exhibe” en la muestra en cuestión, y es por él que a lo largo del siglo XX se trascendieron las miradas primitivistas y especialmente los artistas latinoamericanos abordaron la tarea de indagar en la herencia prehispánica dejándose interpelar por la misma. Interpelación que trae aparejadas preguntas sobre el presente a la luz de las antiguas herencias que configuran una identidad local y regional. En particular las obras de la última sección dan cuenta de la victoria del arte amerindio por sobre los intentos de domesticación y de su afirmación como herencia insoslayable.


Obras de Susana Torres y Ana de Orbegoso; de izquierda a derecha. Fotografías del libro-catálogo “Antes de América”.


Solo, a modo de ejemplo, baste mencionar: las obras de la serie “Y qué hacemos con nuestra historia” (2017) de la peruana Ana de Orbegoso, que dialogan con la tradición de los huacos-retrato moche proyectando rostros contemporáneos en este tipo de piezas, en sintonía con “Huaco-autorretrato” (2007) de Susana Torres; la “Chakana” (2021) en arpillera sintética de la argentina Candelaria Traverso, que recupera un símbolo  de lucha y resistencia; la animación estroboscópica, “Mambeadores” (2018), del colombiano Fernando Pareja, que nos conecta con el consumo ritual de psicoactivos; la escultura de acción performática, “Neo tameme” (2021-2023) del mexicano Chavis Mármol, que consiste en una bicicleta de delivery cuya caja es una cabeza olmeca -expresión por antonomasia de los orígenes de la lítica monumental mexicana- de Telgopor.


Cabe mencionar la presencia de figuras pioneras, como la chilena Cecilia Vicuña con el video “Paracas” (1983) en el que da vida a los pequeños personajes de fibra de camélido (chamanes, tejedoras, danzantes, llamas) del manto paraquense elaborado hacia el siglo V d.C. en la costa sur del Perú y que hoy se conserva en el Museo de Brooklyn.


Todas estas creaciones dan cuenta de la vigencia y vitalidad del arte prehispánico como interlocutor y generador de preguntas sobre el pasado y el presente americano que se transforman en obras que abren a su vez nuevas preguntas, reflexiones, en fin, conciencia sobre el sentido de ser “americanos".


Notas:

1. Bovisio, María Alba “El periplo del objeto mitológico: itinerarios simbólicos del arte prehispánico entre los siglos XVI y XX”. Journal de Ciencias Sociales, Revista Académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo, Año 1, Nº 2, junio 2014, Buenos Aires.

2. Recordemos que, en 1927 Franz Boas publica Primitive Art con el objetivo de: “dar una descripción analítica de los rasgos fundamentales del arte primitivo” (Boas, F. El Arte Primitivo. F.C.E., México,1947: 7).

3. Clifford, J. Dilemas de la cultura. Gedisa, Barcelona, 1995.

4.El relato de las peripecias de esta escultura es absolutamente representativo del poder del arte prehispánico. Véase:  Matos Moctezuma, E. y López Luján, L. (2010) Escultura monumental mexica, FCE, México, cap. III.

5. Paz, O. Los privilegios de la mirada, México,1989, p.41.

 

* Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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