Era un día más, con la agenda colmada, asumiendo cada tarea de modo habitual, hasta que un mensaje telefónico trastoca todo: «falleció Ramón», me escribió por WhatsApp un amigo común y el tiempo se detuvo.
Arquitecto como su esposa Graciela Viñuales, desarrollaron un proyecto de vida común que los llevó por la historia de esta disciplina y a su patrimonio en toda América Latina, y mucho más. Ambos le dieron forma a una familia construida con tres pilares, sus hijos Martín, Rodrigo y Alejo, y ambos edificaron una institución que es un faro para toda la región, el CEDODAL [Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana].
Antes se habían alejado de su ciudad de origen, Buenos Aires, por efecto de la patética «Noche de los bastones largos» e instalados en Resistencia, capital de la provincia del Chaco, se abocaron a la enseñanza en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, dependiente de la Universidad Nacional del Nordeste [FAU - UNNE]. Allí iniciaron las publicaciones que hoy dimensionan su grandeza entre pares: más de trescientos títulos y un millar de artículos llevan su firma. No hay manera de estudiar el patrimonio arquitectónico y su historia en tan amplio espacio geográfico y cultural sin leer algunos de sus textos.
Mientras escribo estas líneas y sin ánimo de formular comparaciones, pienso en otra columna de la historia cultural latinoamericana, el sacerdote jesuita Guillermo Furlong [1889-1974], también con una producción impresa sorprendente. Siempre lamenté no haber conocido a Furlong y hoy me enorgullezco de haber sido amigo de Gutiérrez.
Con Ramón supimos forjar una relación que siempre viví en el plano de la amistad y que hoy, en perspectiva, la asumo en un orden de maestro y alumno. Es que él tenía ese don, el de enseñar sin que se advirtiera, y lo expreso sin ser arquitecto. Lo nuestro pasaba por el patrimonio cultural…
En su momento, allá por las postrimerías del 2020, fue el confidente de una idea loca, publicar una revista digital, y su voz resultó inspiradora. A Ramón le adelanté el sueño, y con su impulso -escribió un artículo en el número 1 de Hilario- logramos llegar hasta aquí, siempre con un mensaje, un gesto, una colaboración, o una recomendación de su parte.
Además, recién nombrado presidente de la Asociación de Libreros Anticuarios [ALADA], lo fui por cuatro años [2021-2025], nos acompañó en la defensa del patrimonio cultural. Ramón había protagonizado acciones audaces contra el tráfico ilícito de bienes culturales, y en simultáneo defendía con fervor el comercio sano del arte y las antigüedades, promoviendo alianzas estratégicas entre los particulares coleccionistas, las organizaciones intermedias y el Estado. Con ese ideal trabajamos con ahínco. A lo largo del tiempo abonamos una práctica que cumplimos hasta sus últimos días; intercambiar correos electrónicos con iniciativas diversas y reunirnos en un café perfeccionando aquellas ideas. Nos unía aquel compromiso común y un gusto afín, dicho con ahora con humor, la preferencia por las facturas con dulce de membrillo…
Era un auténtico amigo de los libreros anticuarios [1], a modo de anécdota -una más-, recuerdo haber visitado la Antigua Librería Madero, en la ciudad de México y su fundador, Enrique Fuentes, al reconocer mi nacionalidad, de inmediato dijo, «tengo un gran amigo argentino, Ramón Gutiérrez, excelente bibliófilo e investigador». Ramón ingresaba a cada librería que encontraba en sus viajes, y así formó la biblioteca de CEDODAL, buena parte de ella ahora donada a la Biblioteca del Congreso Nacional, como lo expresan dos de sus directivos en esta misma entrega de Hilario.
Acabamos de recibir el Boletín número 107 de CEDODAL, y la voz de su esposa y compañera de trabajo, Graciela Viñuales, nos deja ese viento esperanzador, aún inmersos en el dolor por la pérdida: «La tristeza de esas horas en parte se compensó con los ecos que llegaron desde todo el ámbito de Iberoamérica y hasta de otros países más lejanos. Además, familiares, colegas y amigos se hicieron presentes en las exequias de aquellos días. Justamente, ese acompañamiento amplio nos ayuda a fortalecer nuestro trabajo en el CEDODAL y nos incita a ir completando lo que con Ramón veníamos haciendo: libros en proceso, participación en seminarios, organización de documentos y apoyo a nuevos investigadores. La tarea del equipo continuará ya que así lo habíamos planteado cuando fundamos este Centro, pensando en que lo importante era que el empuje inicial fuera ampliándose y que los temas de la arquitectura latinoamericana siguieran profundizándose y relacionándose con su historia, su territorio y sus intercambios con el mundo ibérico.»
¡Querido Ramón, gracias por tantas enseñanzas, consejos, apoyo!
Nota:
1] Ramón Gutiérrez fue el pregonero de la Sexta Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires en 2010, donde refiriéndose al librero, afirmaba: «Ese librero, el que es mucho más que un comerciante, es el apoyo inevitable en esas aventuras inciertas de la investigación histórica. Es el compañero que estimula y que apoya, el que realiza las preguntas inteligentes que a veces tus propios colegas no aciertan a formular. Esos son los libreros que te dan la información de la novedad pero también de aquello que pasó desapercibido. Son los que practican la amistad como un deporte y son capaces de comprender desde tus limitaciones intelectuales hasta tus penurias económicas [...]»

