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Poncho de vicuña bordado. Argentina. Finales del s. XIX o ppios del XX.

Excepcional obra por su calidad y antigüedad, enriquecida por un sutil bordado de época con ramas y flores. Esta prenda tuvo desde su origen un sello de distinción, el que sorprendentemente ha llegado hasta nuestros días en un gran estado de conservación.


Poncho tejido en telar criollo de pedales, adaptación americana de los telares europeos introducidos en el nuevo continente por los conquistadores españoles. Consta de dos paños iguales con unión central mediante costura ornamental que respeta la solución de continuidad destinada a la boca de la prenda.


Medidas: Largo 160 cm. Ancho 146 cm.


El fino  hilado utilizado es de fibra de vicuña (de la región del dorso; la parte superior de su cuerpo) hilada artesanalmente con rueca y ha sido tejido bajo la técnica de tejido llano de faz de urdimbre.


La vicuña es el más pequeño de los camélidos sudamericanos, y comparte con la cabra de cachemira la distinción de poseer la fibra vellosa más fina de entre los animales del planeta. Su grosor ronda por los 13 a 14 micrones y el largo de la fibra no excede los 7,5 cm.  Ha sido el material con que se tejía la ropa del Inca, y dado que –a diferencia de la llama y la alpaca- nunca pudo ser domesticada, durante la vigencia del Tahuantinsuyo, por mandato real, se las encerraba sin violencia y se las esquilaba. Al respecto escribió Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas (1658): “los chakus se hacían en cada distrito, de cuatro en cuatro años, dejando pasar tres años de la una a la otra, porque dicen los indios que en este espacio de tiempo cría la lana de la vicuña todo lo que ha de criar, y no la querían trasquilar antes porque no perdiese de su ser; también lo hacían porque todo aquel ganado bravo tuviese tiempo de multiplicar y no anduviese tan asombrado como anduviera si cada año lo corrieran, con menos provecho de los indios y más daño del ganado….


Podemos establecer una datación ubicada alrededor entre  las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, y su cuna de origen en Catamarca, la provincia argentina heredera de la tradición textil incaica


A la categoría superior que le otorga el material utilizado debemos sumar en esta bella pieza el bordado que engalana tan delicadamente la tela en toda su extensión, con el mismo hilo de vicuña destinado al tejido.


“Los ponchos y mantas de vicuña provenientes de Belén, Catamarca, son legendarios por la delicadeza y la finura del tejido, herederas las artesanas de la mística  de los tejedores de cumbi  (tejido de altísima calidad) para el Inca . Los ponchos, generalmente son tejidos en dos paños, en tanto que las mantas en uno solo, ambos se dobladillan y llevan fleco perimetral aplicado.”. (1)


La cita anterior menciona el fleco, incluido en algunos ponchos. Vemos por ejemplo otro notable poncho de vicuña, bordado en seda de colores y sin flecos, reproducido en la pág. 158 del libro “Ponchos de América (...)”, la gran obra de Ruth Corcuera. Quizás así nacidos, o bien en ambos casos, con los flecos extraviados, situación absolutamente comprensible por su antigüedad, la que seguramente supera los cien años. Destacamos que, de ser así, su ausencia queda minimizada por la excelsa calidad y armónica belleza de la conjunción de la tela obtenida y el bordado que la prestigia aún más.

 

Nota: 1. Enrique Taranto, Jorge Marí: Textiles de uso tradicional. Ed. Asoc Criolla Argentina, Buenos Aires, 2001, pág. 46.


LOTE 113
PRECIO BASE U$S 10000

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