• El caballo
    y
    eso que va encima

     
     
    Una realización de Hilario. Artes, Letras & Oficios
     
    Junio de 2016


    Signos virreinales
    y
    gritos de Libertad

     
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    Par de espuelas virreinales de hierro forjado con incrustaciones de oro y plata

    1. Excepcional labor de herrería en finas espuelas de pequeño porte. En el pihuelo la figura de un ave con su pico sujetando el eje de la rodaja y ésta protegida por discos de plata, en nuestras espuelas denominados guardabarros. El arco -forjado en hierro, facetado y con una ondulación -, lleva damasquinados, detalles de plata y oro.
     
    Ambas poseen hebillas de plata sin el cuero de las correas.
     
    Medidas. Largo total: 17 cm.
     
    América septentrional (¿Ecuador o Colombia?). Siglo XVIII. 

    OHMM

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    Espuela virreinal de hierro.

    2. Espuela forjada en hierro. Pieza de notable calidad artística por sus labores de forja y cincelado sobre su arco y el pihuelo. Temprana expresión de la mejor herrería que apenas se conserva en muy escasos ejemplares, en general solitarios (por el extravío o deterioro de su par).
     
    Herederas de estos diseños aunque careciendo de la ornamentación de ésta, se exhibe un par de espuelas en el Museo del Gaucho de Montevideo, fechado hacia 1830/1840.
     
    Medidas. Largo: 13,8 cm.
     
    Sudamérica. Siglo XVII / XVIII.

    GOMM
     

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    Estribo jesuítico de bronce.

    3. Notable estribo fundido de bronce, con un estilizado arco y su pisada u hondón, formado por dos barras rectangulares. El ojo móvil. El balcón o falda, junto con los extremos del arco, decorado con detalles propios del barroco, aunque con una particularidad: en el interior del remate de cada arco, una ornamentación tipo rocalla.
     
    Siendo que los misioneros de la Compañía de Jesús fueron hábiles en los más diversos oficios, resulta difícil establecer un lugar de origen de esta pieza, ya que bien podría haber venido de Europa -desde donde seguro partió el modelo- o haberse realizado en alguno de los talleres que funcionaban en las distintas reducciones.
     
    Medidas. Alto: 21,4 cm. Abertura de la boca: 8,3 cm.
     
    Argentina, Misiones jesuíticas. Siglo XVIII.

    OOMM

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    Brambilla, Fernando

    4. A) “Representa el modo de enlazar el ganado vacuno en los campos de Buenos Ayres”.
     
    B) “Caza de Perdices en las Pampas de Buenos- Ayres.”


    Litografías. Seguramente ambas pertenecen al tiraje tardío que se realizara en Madrid hacia fines del siglo XIX. Obras enmarcadas.
     
    Estas dos escenas rurales forman parte de la más antigua iconografía del gaucho rioplatense. Poco tiempo después de haber concluido la travesía, Brambila las pasó a la piedra litográfica en Madrid, según los dibujos originales de Juan Ravenet.
     
    Entre los grandes viajes organizados por las potencias europeas en el siglo XVIII se incluye la expedición comandada por Alejandro Malaspina y financiada por la corona española. Aquel periplo se inició en Cádiz en 1789 para concluir en el mismo puerto cinco años más tarde. Al mando de las corbetas Descubierta y Atrevida, Malaspina fue recibido calurosamente por la Reina, aunque las intrigas de la Corte le oscurecieron el horizonte; fue preso y luego desterrado. Así las cosas, el material relevado por sus artistas apenas vio la luz en muy escasos grabados que se estamparon hacia 1798. Sobre estas aguafuertes, sostuvo el investigador Aníbal Aguirre Saravia: “se conocen pocos o ningún ejemplar. A fines del siglo XIX fueron descubiertas las planchas originales del Depósito Hidrográfico de Madrid y se hicieron sucesivas tiradas de ellas.”
     
    El análisis de estas composiciones da cuenta de dos costumbres extendidas entre los jinetes rioplatenses, como la práctica de enlazar toros junto con el uso del desjarretador, y la caza de perdices. Sin embargo, al desmenuzar las imágenes se advierte un quiebre en el rigor iconográfico. Por ejemplo, se observa una montura inusual en nuestro medio, y en la otra composición su protagonista estriba a la peruana. Estos fallos en el relato visual no le quitan mérito a las obras, citadas en cuanto estudio se haya editado sobre las primeras épocas del gaucho.
     
    Medidas: 19,6 x 24,4 cm., más márgenes.
     
    Madrid, fines del siglo XIX. 

    OBMM

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    Punta de lanza o moharra de hierro, de factura criolla.

    6. Moharra o punta de lanza en proceso de elaboración con su espiga forjada en una sola pieza de hierro, seguramente virreinal.
     
    Las lanzas formaban parte del armamento de los blandengues que con su caballería controlaban las fronteras con el territorio aún dominado por los pueblos indígenas. En este caso, la pieza supone no haber sido concluida. La hoja es de forma lanceolada  y la espiga en su primer tramo es de sección cuadrada, luego redonda y en el extremo, otra vez facetada.
     
    Los herreros virreinales eran sumamente apreciados porque su oficio se vinculaba con la defensa del territorio. En sus forjas se construían y restauraban hojas de sables y espadas, cuchillos, puntas de lanza, espuelas y demás objetos de hierro. También había Maestranzas de Artillería en las que los armeros se abocaban a lo suyo.
     
    Medidas. Largo de hoja: 17 cm. Largo Total: 49 cm.
     
    Argentina, siglo XVIII.

    IMM

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    SAN MARTÍN EN UN MOMENTO CLAVE PARA LA EMANCIPACIÓN AMERICANA

    12. Jornada de Maipo. (...) En este momento recibo del Exmo. Sr. General en Xefe D. José de San Martín el parte siguiente = (…) Buenos-Ayres  Abril 17 de 1818. Imprenta de los Expositos.

    Impreso de enorme significación histórica. En Gran Folio, 1 h., v. en bl.  Texto a dos columnas con una orla vertical. Ejemplar en buen estado, con pequeñas huellas de taladro marginales. Enmarcado.
     
    Se publica en Buenos Aires el Parte de la batalla librada en los llanos de Maipú, donde el jefe del Ejército de los Andes, D. José de San Martín, comunicaba su arrolladora victoria sobre las huestes realistas. Concluido el combate, dirá San Martín: “El enemigo quedó destrozado enteramente: toda su artillería y parque está en nuestro poder. Pasan de mil quinientos los prisioneros; entre ellos más de cincuenta oficiales, el general Ordoñez, y el xefe de su estado mayor Primo de Rivera. Los muertos aún no pueden calcularse…”
     
    Luego, se reproduce el Oficio de San Martín enviado a Juan Martín de Pueyrredón, también fechado ese mismo 5 de abril de 1818 pero a las seis de la tarde, y un último oficio, redactado aquel día pero sin horario, donde el jefe patrio expresó: “Nada existe del ejército enemigo (…)”.
     
    Cierran el impreso las loas al general San Martín, “¡Héroe de Chacabuco y Maipo!”, además de anunciar las acciones de gracia que al día siguiente serían consagradas en la catedral de Buenos Aires y la decisión de transmitir el fervor público mediante la iluminación a pleno de la ciudad durante tres noches.
     
    Medidas: 43, 3 cm. x 30,6 cm. 

    GIMM

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    EL REGLAMENTO DE CABALLERÍA, AHORA IMPRESO EN ARGENTINA

    18. Reglamento para el ejercicio y maniobras de la Caballería. (Viñeta) Buenos Aires. Imprenta del Estado. 1834.
     
    Obra extremadamente rara, completa, con sus dos volúmenes. Tomo I: En 4°, Portada, 532 pp. XI pp. Tomo II: En 4°: 73 láminas con grabados de Bacle, algunas plegadas. Encuadernación de época en pasta española con lomo de cuero, filetes y títulos dorados. Ejemplar en muy buen estado. Suárez, n. 9979, detalla el primer volumen, sin tener noticias del segundo. No en Palau. Se conoce apenas otro ejemplar completo de este libro; el que perteneciera al propio Rosas.
     
    Alejo B. González Garaño, en su trabajo sobre César Hipólito Bacle publicado en el marco de la Exposición realizada por la Asociación de Amigos del Arte (Buenos Aires, 1933), presentó en el ítem 101, “Setenta y tres láminas litografiadas, para ilustrar una táctica de caballería”. Reconocía aquel investigador y coleccionista que “Se ignora la táctica que debían ilustrar. Esta serie de láminas constituye una nueva prueba de la intensa labor desarrollada por el establecimiento de César H. (Hipólito) Bacle, pues, aparte de su crecido número, están litografiadas con gran finura y cuidada meticulosidad en los detalles.” Rodolfo Trostiné no menciona esta obra en su ensayo de Bacle.
     
    Lo cierto es que las láminas eran parte del Reglamento, copiando en Buenos Aires la obra que en 1825 fuera editada por la Imprenta Real en Madrid. En esta versión argentina los grabados salieron de las planchas litográficas de Bacle, que los firma. Las imágenes ofrecen diseños muy bien detallados de sillas de montar, bridas, estribos, frenos y en especial, tácticas de caballería.
     
    Al publicarse la presente obra Juan Manuel de Rosas comandaba su campaña al desierto contra los indios, y era una verdad revelada que sólo con una caballería  disciplinada se podría garantizar el control de las fronteras.
     
    Este Reglamento es parte de la historia del apero y de la caballería en nuestro país; sin duda estamos ante una destacada pieza de la iconografía y bibliografía local.

    OOMMM

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    Mensage del Gobierno de Buenos Aires a la (...)

    ROSAS, JUAN MANUEL

    22. Mensage del Gobierno de Buenos Aires a la (...) Legislatura (escudo) Buenos Aires. Imprenta del Estado. 1840 y 1845.
                                                              
    En 4º menor. Ambos ejemplares en buena forma, con sus encuadernaciones modernas, con títulos dorados.

    Los Mensajes que cada año presentaba D. Juan Manuel de Rosas a la legislatura porteña contienen indicadores de relevancia de su pensamiento y accionar político, de modo que resultan piezas testimoniales de gran valor histórico. Presentamos aquí los correspondientes a los años 1840 y 1845; el primero impreso en tinta “rojo punzó” y el segundo con sus tapas originales, también del mismo color punzó.

    IEM

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    Cojinillo federal de chilla de cabra de angora.

    26. Excepcional cojinillo tipo "chilla" (con flecos en toda su superficie), tejido en fibra de cabras de angora, y teñido en un tono rojo que bien podría ser inspirado en el color que el gobierno de Juan Manuel de Rosas impuso hasta 1852, y que entre el paisanaje partidario supo sobrevivir por largo tiempo.
     
    El cojinillo es una prenda de uso ecuestre, tejido en telares aborígenes, criollos y hasta por los ingleses, que de modo industrial, lo fabricaron para su venta en el amplio mercado rioplatense. Refiriéndonos en especial a este ejemplar de cabra de angora, vale comprender que dicha especie proviene de Ankara (Turquía), y que ya en 1826 el primer presidente de Argentina, Bernardino Rivadavia, autorizó su importación junto con cabras del Tibet. Por aquellos años la idea era diversificar las producciones rurales y promover un desarrollo del sector agropecuario con la finalidad de obtener bienes transformables a partir de los desarrollos regionales, como lo era la industria textil.
     
    La base es de tejido balanceado de lana de oveja, a la que se le han amarrado las vedijas (mechones) de angora bajo la técnica del nudo turco o ghiordés.
     
    Su fibra, denominada mohair, es una de las más delgadas del mundo (25 micrones); sólo la supera la proveniente de las cabras de Cachemira (20 micrones) y la de nuestras vicuñas (12 micrones). El brillo y su tacto sedoso es propio de esta raza caprina.
     
    La pieza fue teñida con grana de cochinilla luego de ser confeccionada. Se ignora si el teñido fue por motivos estéticos o para denotar su filiación federal, la que sobrevivió al gobierno de Rosas.
     
    Medidas. Largo: 102 cm., sin flecos. Ancho: 76 cm., sin flecos.
     
    Último cuarto del siglo XIX.

    LHMM

  • 27. DADO DE BAJA
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    Punta de lanza con restos del porta-estandarte.

    28. Encontrada en un campo de batalla, la moharra conserva los restos de un porta-estandarte. Se la fijaba al asta mediante dos espigas, las que llevaban tres ejes que atravesaban la madera sujetándola.
     
    Estas armas se ejecutaban en talleres montados al efecto por las autoridades provinciales, y en las herrerías distribuidas por todo el país. No ha sido posible establecer una tipología en base a su localización. Se las realizaba siguiendo diversos patrones e incluso para elaborarlas se reutilizaban distintos elementos (hojas de sable partidas, limas de hierro, hojas de tijeras de tuzar…) y además, también eran el fruto de las habilidades técnicas del herrero. En este caso su rasgo distintivo es el conjunto de largas espigas y su carácter de porta-estandarte.
     
    Medidas. Largo total: 47,2 cm.
     
    Argentina, hacia 1850.

    HMM

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    Freno de la brida araucano.

    32. Freno de hierro de camas con aplicaciones y cobertura de plata, en parte desprendida. Importante trabajo de forja con sus camas con movimiento -desgoznadas- más rectas en sus brazos (tramo superior) y en forma escalonada y de líneas curvas en las patas, el inferior.
     
    El puente es medianamente alto y muy fuerte, con tres rodillos por lado a modo de coscojas que lo hacen más suave. En el remate superior de los brazos encontramos los orificios para la prendedura de la cabezada y de la barbada, la que se conserva hecha con una cadena. De los mismos brazos y un poco más abajo, dos pequeños orificios permiten sujetar con sendos pernos y ganchos otra barra de hierro que hace las veces de doble puente. El decorado de los brazos en particular se realizó con láminas de plata apenas buriladas con rombos hechos en forma de zigzag.
     
    En las piernas, de bellas líneas curvas, encontramos la típica ornamentación heredada de España: el damasquinado reconocido en el país trasandino como “empepado”, esta vez hecho en plata. Ya en el remate de los brazos, sendos orificios por donde pasa desde cada uno un perno del que se prenden las argollas, aquí resueltas con destorcedor, para colocar las riendas.
     
    En la litografía que ilustra la obra de John W. Maguire "Loncagüé", vemos al jefe "Juan Callvucurá (así escrito en el grabado) Emperador de la Pampa..." montado en su caballo y con un freno de la brida similar al que ahora describimos.
     
    Medidas. Largo del puente: 14 cm. Alto del puente: 5,8 cm. Largo de las camas: 16 cm. Largo de los brazos: 9 cm. Largo de las piernas: 8 cm.
     
    Chile, fines del siglo XVIII o principios del XIX.

    GSMM

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    Estribo solitario de plata.

    33. Sobrio estribo -”estipu” en lengua mapuche- de plata, fundido y cincelado, con desgastes de uso. Lamentablemente sólo se conserva uno del par.
     
    Su forma austera ofrece rasgos que lo hacen propio de la platería “pampa”. En los laterales, sendas láminas de plata apoyan sobre el arco de forma transversal, decoradas tan solo por surcos cincelados, y en ambos extremos del arco, cuatro pequeñas estrías paralelas, también cinceladas.
     
    Para Raúl Morris von Bennewitz, ésta sería una versión del estribo de arco trapezoidal, “inspirado en antiguas piezas morisco-hispanas que llegaron a la araucanía con los jinetes de Andalucía”. (“Los Plateros de la Frontera y la Platería Araucana”, Temuco, Edic. Univ. de la Frontera, 1977, pág. 179)
     
    Pisada u hondón oval, liso, fundido. Las dimensiones pequeñas del mismo indican su uso con botas de potro o descalzos, ya que el jinete pampa estribaba con los dedos.
     
    Medidas. Alto: 13 cm. Abertura: 7,8 cm.
     
    Argentina, siglo XIX. 

    GOMM

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    Par de estribos araucanos de madera.

    34. Madera ahuecada y tallada, con pequeñas incisiones en diagonal ubicadas en su borde inferior -motivo típico de la ornamentación araucana-; en lo demás, lisa. Ambos estribos conservan restos de su policromía original. Llevan estriberas de cuero con argollas de bronce decorado.
     
    Por su tipología estamos ante una variante del estribo “de baúl”, de uso en zonas montañosas, siempre tallados en una pieza de madera. Sin embargo sus formas lo distancian de los típicos “trompa de chancho” (y de sus versiones derivadas con zunchos de hierro) corrientes entre huasos y gauchos argentinos de la región andina.
     
    Medidas. Alto: 18 cm. Profundidad: 18,2 cm.
     
    Chile, primera mitad del siglo XX.

    GOMM

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    Cabezada, bocado y riendas mapuches.

    35. Rústica cabezada de cuero crudo con herrajes forjados en hierro. Bocado también de hierro con argollas “empepadas”; es decir, decoradas con metal incrustado, herencia de la técnica de ataujía o damasquinado, aquella que España adoptara de la ocupación mora y que trasladaran a América los conquistadores en sus avíos de montar y los artesanos en sus oficios.
     
    Las riendas de cuero trenzado se unen al final en una argolla también damasquinada, en este caso en bronce.
     
    Los jinetes indígenas de las pampas y de la Patagonia en ambas márgenes andinas utilizaron avíos de plata cuando sus recursos y capturas lo permitían; en caso contrario disponían de estos arreos elaborados por sus propios artesanos sogueros.
     
    Medidas. Largo de la cabezada: 50 cm. Largo de las riendas: 155 cm.
     
    Argentina o Chile, fines del siglo XIX o principios del XX.

    GBEM

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    Faja araucana o “trarihue”.

    37. Prenda tradicional del vestuario mapuche -de uso corriente en Argentina entre las tribus "Pampas"-, la faja o trarihue se confeccionaba en un telar horizontal de palillos o tablillas, el que se armaba clavando estacas sobre el suelo y tejiendo de modo paralelo a éste, con lana de oveja hilada a huso, y en este caso teñida con colorantes naturales.
     
    Como su nombre lo indica -trarihue, faja de mujer-, sólo ellas la utilizaban en las distintas etnias de los pueblos pámpidos. Pero desconociendo sus códigos simbólicos en la cultura que la diera origen y sentido, el gaucho la adoptó en su vestuario tradicional.
     
    En el espacio central de la faja aparece una representación continua de lukutuel (personaje asexuado, en alusión a los participantes de la gran rogativa nguillatun) enmarcado en ambos bordes por un tejido de peinecillos. La imagen de lukutuel en actitud de rogativa -aseguran los antropólogos-, fue obtenida por un desdoblamiento de la figura humana en una abstracción étnica de singular carácter. Por encima de su representación -seguimos el estudio de Pedro Mege R.-, en la faja se ha desmembrado la figura del rewe -el laberinto escalonado de la machi- en cuyo centro se ubica una cruz-lonko. En la cosmovisión mapuche, el lonko es la autoridad -el más importante entre las cabezas de linaje-, y el rewe es emblema y símbolo de la gran rogativa, y también representa la organización sociopolítica más estratégica dentro del sistema político militar mapuche. (Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, N° 3, 1989, pp. 81 - 114)
     
    El campo protagónico de esta faja trarihue se tejió en natural y rojo; mientras que el peinecillo perimetral lleva rojo, natural, azul y verde. La prenda concluye en flecos trenzados en forma de cintas.
     
    Chile o Argentina, principios del siglo XX.
     
    Medidas. Largo: 255 cm. Flecos: 30 cm. Ancho: 7,5 cm.

    IBM

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    Faja araucana o “trarihue”.

    38. Faja tejida en lana de oveja hilada a huso y teñida con colorantes naturales y anilinas. Para su realización se han utilizado las técnicas de laboreo en doble faz con el corrido de urdimbre complementaria que permite crear una representación de lukutuel (hombre o mujer arrodillado en acto de nguillipun o kamarucun- rogativa). Cada figura de lukutuel y por encima de éste, del rewe con una cruz en su interior, se encuentran contenidas por una serie simétrica de líneas paralelas continuas y discontinuas.
     
    Sus colores natural y bordó definen los dibujos en su tramo central. En los bordes, distintos peinecillos formados con el rojo y el natural, y en un tramo intermedio, con lanas teñidas con anilina en fucsia, azul, verde, naranja y rojo. La pieza remata en sus extremos con flecos trenzados y aunados en dos grupos.
     
    Argentina o Chile, principios del siglo XX.
     
    Medidas. Largo: 170 cm. Flecos: 19 cm. Ancho: 9 cm. 

    IHM

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    RETRATO DE BARTOLOMÉ MITRE, PRESIDENTE ARGENTINO CUANDO SE DECLARA LA GUERRA AL PARAGUAY

    Vitowchesky.

    43. Óleo sobre tela, enmarcado.
     
    No hemos encontrado registros sobre el autor de ésta obra, aunque sí localizamos una fotografía de época de Bartolomé Mitre retratado con la misma pose; de modo que cabría pensar que la pintura bien pudo haberse realizado a partir de esta imagen, tanto como del personaje directamente.
     
    Siendo presidente de la república Argentina, Bartolomé Mitre anunció la declaración de Guerra al gobierno del Paraguay en respuesta al ataque de las fuerzas militares de aquel país sobre la población de Corrientes, y sobre los vapores “25 de mayo” y “Gualeguay” de la marina de guerra.
     
    Sus palabras en aquellas horas evidenciaban las expectativas del gobierno ante el inicio de la contienda: "En veinticuatro horas en los cuarteles. En tres semanas en las fronteras. En tres meses en Asunción". Lo cierto es que se necesitaron más de cinco años para vencer al pueblo paraguayo en armas.
     
    Medidas: 92 x 72  cm.  

    OHMM

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    Par de estribos de suela, de gran porte.

    52. Par de estribos realizado con capas superpuestas de suela calada y claveteada, con la leyenda “El Matrero de Pampa Adentro” y escudo nacional en el centro, entre lanzas con banderas argentinas. Estriberas de cuero crudo y tientos tejidos, con argollas.
     
    Las dimensiones ciclópeas de estos estribos los sitúan en la primera mitad del siglo XX, cuando la figura del gaucho fue reivindicada desde los centros tradicionalistas de la ciudad de Buenos Aires, con una fuerte presencia de los inmigrantes europeos que habían adoptado a nuestro jinete criollo como un emblema de la cultura nacional.
     
    Por entonces las talabarterías editaban y distribuían sus catálogos por todo el país, ofreciendo una importante variedad de artículos, entre ellos éste modelo de estribo, aunque nuestro ejemplar sin duda fue realizado a pedido.
     
    Medidas. Diámetro: 40 cm. Abertura de su boca: 12 cm.
     
    Buenos Aires, hacia 1940.

    DMMM

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    Estribo de hierro estampado con escena gauchesca.

    53. Estribo campana de hierro fundido, con una escena rural en ambos faldones, los que concluyen en un festoneado. Ojo de ubicación transversal y arco con dos cabezas de caballo que miran hacia afuera. Único ejemplar conocido, de probable origen inglés.
     
    El desarrollo industrial de Inglaterra se reflejó en una variada producción destinada a abastecer gustos locales, como ocurrió en nuestro territorio donde se comercializaban espuelas, estribos, cuchillos, arreadores, cojinillos, ponchos y otros muchos artículos ejecutados en las aquellas factorías.
     
    En tal contexto se diseñó el estribo que ahora ocupa nuestra atención. La escena de los faldones muestra un gaucho enlazando un vacuno, motivo de tantas ilustraciones de las crónicas de viajes editadas en el siglo XIX. Además, en su arco y a ambos lados del ojo presenta sendas cabezas de caballo en una variante que no se difundió entre nuestros gauchos pero que sí se localiza en estribos de origen araucano, los que muestran su inequívoca relación con este modelo.
     
    Ambos -el europeo y el araucano- se asemejan en el ojo, el arco facetado, las salientes que se proyectan hacia los laterales al principio y al fin de los faldones, y lo más original, las cabezas de los caballos... Si bien cada uno de estos rasgos hermanan estas versiones, cabe preguntarse cuál de ellas es la original. ¿El araucano deriva del inglés, o a la inversa? La evolución de los diseños siempre despertó curiosidad; que los ingleses partieron de un estribo "brasero" de hierro y le aplicaron la escena representativa de la vida rural; que del inglés surgió el araucano -quien le quitó toda representación figurativa del gaucho- y de él derivó una versión más sencilla y sin caballos entre los "pampa" argentinos. O a la inversa, que el araucano fue el modelo madre desde el que surgió la variante inglesa.
     
    Con más preguntas que certeza el original diseño de este estribo cautiva tanto como sus misterios.
     
    Medidas. Alto: 18,8 cm. Abertura de la boca: 8,7 cm.

    DOMM

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    Par de estribos “de baúl”.

    55. Tallados en una sola pieza de madera muestran la gracia del arte popular, que más allá de crear una obra funcional a ella le imprime un carácter estético que la trasciende. Sus formas enraizan en el barroco hispanoamericano con las volutas, los detalles fitomorfos y las guardas.
     
    En su tiempo era tal la demanda de estas obras entre los jinetes de la región andina que se daba una especialización devenida en oficio, el de estribero. Quien realizó este par fue sin duda un maestro en lo suyo. Tallado cada pie le calzó un zuncho de hierro forjado con el ojo longitudinal, sin agregarle las labores del damasquinado que bien distinguen estas versiones del lado chileno.
     
    En la vertiente oriental de la cordillera andina, en suelo argentino, la austeridad guía el trabajo del herrero.
     
    Medidas. Alto: 19 cm. Abertura de la boca: 11,7 cm.
     
    Cuyo, Argentina. Primera mitad del siglo XX.

    GBMM

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    Par de espuelas de plata.

    56. Par de espuelas porteñas de plata, con arco liso -donde se han grabado las iniciales de un antiguo dueño-, que remata en la figura fundida de un puño cerrado en el que sujeta el bajoempeine -de suela y con prendeduras de plata- y el empeine, aquí ausente. Rodete liso y apenas cincelado con un motivo radial, como si se tratara de pétalos que en su borde le dan una forma festoneada. Sobre el rodete sendas argollas de la que parten las alzaprimas hechas con cadenas de plata. Pihuelo fundido y cincelado con detalles de roleos vegetales. Rojada de hierro con seis aguzadas puntas. 
     
    Si bien hay cronistas viajeros que en el siglo XIX observaron en nuestra equitación criolla la práctica de montar sin espuelas, cierto es que en toda la iconografía antigua conservada los jinetes rioplatenses calzan distintas versiones de estas espuelas, desde las variantes indígenas “de palo”, hasta las de hierro y también, las de plata, e incluso en muy contadas excepciones y siendo en general de pequeño porte, las de oro.
     
    Todas estas versiones responden a épocas y localizaciones geográficas, siendo posible establecer tipologías, las que obvio no pueden ser estáticas debido a que en numerosas ocasiones el platero respondía a la voluntad del comitente y no al estilo de su región y su tiempo.
     
    Medidas. Largo: 19,2 cm. Ancho: 10,2 cm.
     
    Buenos Aires (ciudad o campaña), principios del siglo XX. Sin identificación de platero.

    OOMM

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    Par de espuelas de plata riojanas.

    57. Par de espuelas de plata con arcos quebrados en sus bordes, liso el tramo que roza el cuerpo del caballo y cincelado el que “mira” hacia el exterior. Pihuelo liso y apenas cincelado, con bordes quebrados; rodajas de hierro de múltiples puntas truncas, protegido por el guardabarro de plata. En los extremos del arco, botones redondos soldados para fijar el empeine -aquí hecho en cadenas de plata- y un ojal rectangular donde se sujeta el bajoempeine de cuero. No posee rodete, por lo que lleva una argolla desde la que parten las cadenas del alzaprima.
     
    Estas formas son típicas de la platería regional del centro-norte argentino. Las hemos localizado en territorio riojano, oriundas de esta provincia, aunque sin duda su uso se extendió por los distritos vecinos a lo largo del último cuarto del siglo XIX y buena parte del siguiente.
     
    Medidas. Largo: 17,8 cm. Ancho: 10 cm.
     
    La Rioja. Principios del siglo XX. Sin identificación de platero.

    GHMM

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    Cabezada y riendas en hilos de plata trenzados.

    58. La cabezada y las riendas han sido realizadas con distintos tipos de trenzados en hilos de plata. La primera con sus tiros de tres cadenas en tanto que la frentera se encuentra sujeta por ramales de dos, y una ornamentación que pende de ella, por una sola cadena. El freno es litoraleño, con detalles de plata. Las riendas de dos ramales de hilos trenzados, presentan florones también de plata, fundidos y cincelados. Éstas carecen del último tramo, el que ha sido de cuero.
     
    El conjunto reúne distintos estilos decorativos; el medallón de la frentera, un ave con sus alas desplegadas; otro centro fundido -calado y cincelado- con un sol y un rostro de perfil, y los chapones de las terminales de los tiros, cincelados con hojas y flores. Las presillas de las riendas, por su parte, con pequeñas figuras (mascarones) fundidos.
     
    Cabezadas y riendas con hilos de plata trenzada son propias del litoral argentino, de Uruguay y sur del Brasil, y muy del gusto de las amazonas más exquisitas.
     
    Medidas. Largo de la cabezada: 54,8 cm. Largo de las riendas: 52 cm.
     
    Argentina, mediados del siglo XX. Sin marcas de autor.

    IMMM

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    Juego de sogas.

    59. Fino juego compuesto de cabezada, riendas, bozal, cabresto y maneas de tientos tejidos; labores realizadas por el maestro soguero Alejandro Álvarez. Freno con copas de plata.
     
    En trenzas de veinte y de dieciséis tientos, las riendas con un detalle central. La frentera con ornamentación central también trenzada.
     
    El oficio de la soguería, muy elogiado por los cronistas viajeros que nos visitaron en las primeras décadas del siglo XIX, protagonizó un importante desarrollo en los últimos cuarenta años, mérito indudable del recordado Luis Alberto Flores, creador y alma mater de su espacio comercial, taller y centro de reunión llamado "El Guasquero", desde donde proyectó un certamen anual en las exposiciones ganaderas palermitanas, verdadero faro para estas artes.
     
    El autor de nuestro juego, Alejandro Cruz Álvarez (1976), nacido en San Antonio de Areco, aprendió los secretos del oficio en su ciudad natal, donde hoy reside y trabaja. Entre otros reconocimientos obtuvo en el año 2005 el Primer premio “El Guasquero”  sobre trabajos de cuero crudo en soga fina presentados en la Exposición Ganadera de Palermo, en la Sociedad Rural Argentina y en la misma sede, sendos primeros premios a la soga fina en los años 2012 y 2015, ya denominados “El Cuarto de la Soga”.
     
    San Antonio de Areco, 2014.

    GGBMM

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    Freno litoraleño.

    60. Freno de hierro y plata, con las iniciales de un antiguo dueño en oro: "D" y "M". Embocadura de hierro con un importante puente. Sus camas presentan un mecanismo a modo de bisagra que permite su movimiento; éstas más bien cortas, tienen una pequeña curvatura y se encuentran caladas en ambos extremos. Dichas camas están forradas por una lámina de plata cincelada con hojas y una flor central, donde se ubican las iniciales.
     
    En todas sus formas estamos ante un freno de uso en el Litoral argentino, con influencias de la platería criolla oriental, donde estos avíos se enriquecen con abundantes aplicaciones de oro, y del Sur de Brasil, en cuyo caso suelen contar con representaciones muy exquisitas de leones, indígenas, dragones y otros seres mitológicos.
     
    Aquí, la simpleza de sus líneas y la austeridad puesta de manifiesto en el detalle de las iniciales en oro, nos hablan de un buen ejemplo de la platería entrerriana, o correntina, exquisita y sin ostentaciones.
     
    Medidas. Largo de las camas: 17 cm. Ancho: 17 cm.
     
    Argentina. Segunda mitad del siglo XIX. Sin identificación de platero.

    GOHM

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    Freno “de candado”, de hierro.

    61. También conocido como freno “mulero” -para Justo P. Sáenz ,los diferencian ligeros detalles de tamaño y construcción-, posee camas en forma de “S”, barbada circular, un puente alto y la pontezuela fija, todo de hierro. Lleva cuatro argollas.
     
    Siempre muy apreciado por nuestro jinete, hasta las postrimerías del siglo XIX fue utilizado por la caballería de línea y hasta por la Policía de la Capital Federal. Es una clara herencia del freno de la escuela “de la jineta”, y hemos tenido oportunidad de ver antiguos frenos marroquíes de igual diseño.
     
    Medidas. Largo máximo: 28 cm. Ancho: 12,2 cm.
     
    Argentina, siglo XIX.

    BOM

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    Freno “de candado” para colocar las copas de plata.

    62. Freno criollo de hierro con su barbada de argolla, pontezuela fija, cuatro argollas, puente alto con coscoja y dos espigas que se prolongan desde la embocadura misma, destinadas a fijar las copas de plata, tan atractivas para el gaucho.
     
    El uso de las copas proviene también de la escuela “de la jineta”, aunque siendo estas más pequeñas. Ya en la segunda mitad del siglo XIX y con la ampulosidad que cautivaba al gaucho, se las llegó a elaborar en grandes dimensiones.
     
    Medidas. Largo máximo: 29,1 cm. Ancho máximo:18,3 cm.
     
    Argentina, principios del siglo XX.

    BHM

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    Freno de hierro con embocadura múltiple articulada.

    63. Raro freno, probablemente de uso en un antiguo cuerpo de caballería, forjado en hierro. Sus largas camas nos remiten a los típicos frenos de la escuela de Hannover, aunque aquellos tienen una embocadura rígida y el presente se forma con tres barras articuladas al centro y cuatro rodillos -denominados “sabores” o “limoncillos”- por lado en cada una de ellas.
     
    La pontezuela está formada con una articulación central. En sus camas se diferencian perfectamente su brazo -recto y con la prolongación a modo de gancho para sujetar la cabezada-, de la pierna curva y en forma de “S”. Ésta concluye en un tramo ahuecado en el que se sujetan las argollas (una extraviada) para fijar las riendas.
     
    Hemos localizado un freno de similares características en el Museo de Teruel, España, allí catalogado como de Montalbán, del siglo XIX.
     
    Medidas. Largo máximo: 23,6 cm. Ancho: 17,5 cm.
     
    Argentina (¿o Alto Perú?), primera mitad del siglo XIX. 

    EOM

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    Fusta de plata y cuero.

    64. Su cuerpo dividido por tres soajes, con dos campos centrales formados con hilos de plata trenzados, y los dos extremos, también de plata, pero compuestos por una lámina cilíndrica, cincelada con motivos fitomorfos. Cadena de plata posterior. La porción de cuero, con un fino trabajo de soguería, restaurado, el que remata en una pequeña azotera.
     
    Largo total: 61,6 cm., sin incluir la cadena.
     
    Río de la Plata, fines del siglo XIX. Sin marca de platero.

    GOMM

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    Boleadoras de potro.

    65. Antiguas boleadoras con sus ramales de tientos de cuero retorcido. Las tres bolas son de marfil, con un hueco al centro por donde las atraviesa un eje al que se sujeta la argolla de metal. Una de ellas, la más pequeña -en este caso, la más oscura y rellena con plomo fundido- es la que el gaucho retiene en la mano mientras las otras dos giran sobre su cabeza; lleva por nombre “manija”.
     
    Sobre las boleadoras de potro cuenta Justo P. Sáenz, “llevábalas nuestro antiguo hombre de campo ceñidas a la cintura con dos o tres tipos de nudo que permitían desatarlas al más leve tirón. Es así como he conocido criollos que en contados segundos las tenían en el aire, revoleando, casi con la rapidez con que se arranca un revólver de la pistolera”. (Equitación Gaucha. Buenos Aires, Ed. Peuser, 1959, p. 186)
     
    Argentina o Uruguay, fines del siglo XIX o principios del XX.

    GOMM

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    Chambao de asta tallada.

    66. De talla sencilla, elegante vaso de cornamenta vacuna. En su embocadura se fija un ojal tejido en tientos de cuero. Sobre su base un diseño tipo galloneado.
     
    Perteneció al doctor Juan Idiarte Borda, presidente de la República del Uruguay entre los años 1894 y 1897.
     
    Uruguay, hacia 1880. 

    HMM

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    Chifle de cuerno vacuno y plata.

    67. Chifle de cornamenta pulida y plata cincelada a flor de agua, con cadena también elaborada en dicho metal. Tapón de cornamenta oscura.
     
    Las monturas de plata, laminada y con soajes lisos, presentan sus bordes calados con un movimiento rítmico.
     
    El chifle como contenedor se lo utilizó desde tiempos lejanos elaborado con el cuerno del buey, que pulido (y en ocasiones tallado), sellada su abertura mayor y aplicado un tapón en la menor, cumplía su noble función de almacenar el líquido, fuera éste agua o alguna bebida alcohólica. Desde aquellas formas primitivas derivó hacia la decoración con láminas de plata y más adelante, con detalles en oro.
     
    Medidas. Largo: 42 cm.
     
    Argentina, primera mitad del siglo XX.

    DBMM

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    Botones de rastra.

    70. Conjunto de seis botones acuñados en Buenos Aires por C. Spotti, con la dirección de su casa estampada en el reverso de cada pieza: Buen Orden 451. En el anverso la copia de un real español acuñado en el siglo XVIII.
     
    César Spotti, platero italiano, comenzó a actuar en Buenos Aires en 1852 y aquí falleció cuarenta años más tarde. Cuenta Ribera que se conocen obras de platería rural con su marca; rastras y botones, precisa. Los botones gauchescos también se fabricaron en Europa, como lo explicó Fernando Assuncao, y su uso se extendió entre los gauchos orientales. 

    HMM

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    Poncho peruano de guarda atada.

    71. Excepcional poncho tejido en lana de oveja en dos paños. La prenda, con su base listada, se decora con grecas de tradición incaica mediante la técnica de amarrado o ikat, lográndose un efecto de esfumado multicolor. Para su mejor conservación se le colocó una guarda en todo su perímetro -un gross de terciopelo, el que ha sufrido algún deterioro-, la que también protege la boca, donde se le hicieran dos moños. En la tela se advierten algunos pocos desgastes originados por su uso y restaurados hace ya largo tiempo.
     
    La elaboración de esta prenda ha requerido de una técnica especial; la urdimbre fue dividida en distintos grupos que se tiñeron en forma separada, permitiendo que al tejerse fuera posible obtener las listas de base. Luego de haber sido teñida, otra vez se la colocó en el telar y se ajustaron los amarres en una compleja tarea, siempre ejecutada de memoria, en el plan de teñir para obtener el efecto deseado mediante reservas.
     
    Sus motivos ornamentales aluden a los diseños precolombinos, aunque aquella tradición no alejó a la tejedora de su mundo cotidiano: la prenda lleva las iniciales de un dueño: E. C. O., con la letra del medio colocada dentro de un corazón elaborado con las mismas grecas. La calidad del tejido nos remite a un centro de producción de muy buena factura, meritorio por el hilado y por el producto final de la prenda confeccionada.
     
    Medidas: 168 x 138 cm.
     
    América meridional (¿Perú?), principios del siglo XX.

    BMMM

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    Matra mapuche.

    73. Tejida en lana de oveja por manos mapuches, la matra forma parte del apero criollo. Sus símbolos geométricos se sustentan en la cosmovisión de este pueblo y las mujeres son las encargadas de preservar tal saber arcaico que plasman en los diversos textiles.
     
    Esta prenda fue exhibida en la muestra “Il Gaucho. Tradizione, arte e fede” que se presentó en el 2013 en las salas del Brazo de Carlomagno, Plaza San Pedro, en el Vaticano, y en el Museo del Palacio Episcopal de Loreto, Italia, y fue reproducida en el libro-catálogo editado para tal ocasión.
     
    Medidas: 103 x 88 cm.
     
    Argentina, mediados del siglo XX.

    GHMM

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    Par de esmaltes.

    Alfred Paris.

    74. Par de esmaltes con sendas figuras de gauchos, firmados al pie, “P. Alfred”. Cada pieza posee su marco de bronce de época.
     
    Seguramente los esmaltes fueron realizados tomando como diseño las ilustraciones del pintor y litógrafo francés Alfred Paris (1849 – 1908), quien vivió desde niño en Argentina. Paris fue un destacado ilustrador y entre sus obras más importantes, recordamos sus dibujos para la primera edición de los libros “La Pampa”, de Alfredo Ebelot, y “Painé”, de Estanislao Zeballos. También supo trabajar en un taller de pintura junto a Eduardo Sívori.
     
    Entusiasta ilustrador del costumbrismo criollo, Alfred Paris regresó a su Francia natal, donde cosechó varias recompensas en el Salón de París de 1892, y en la Exposición Universal realizada en dicha ciudad, en 1900.
     
    Medidas:  10 x 6 cm.
     
    Buenos Aires, fines del siglo XIX. 

    IEM

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    Loza europea. Par de platos con iconografía gaucha.

    75. Al dorso, impreso en el mismo color rosa: “B. F. Kéramis. Made in Belgium” (Boch Frères Kéramis -Ceràmicas de hermanos Boch- Hecho en Bélgica) y estampadas las iniciales “W G”. 
     
    Par de platos de cerámica realizados por la tradicional fábrica belga Boch Frères, la que inicia su actividad en el siglo XVIII y comienza a firmar como lo encontramos en estos platos (“B. F. Kéramis”) a partir 1844. El procedimiento utilizado para estas cerámicas es el de impresión por transferencia, técnica que aplicaran en el tercer cuarto del siglo XIX partiendo de un grabado que tomaban como imagen de origen.
     
    La empresa, que para entonces se había expandido internacionalmente, comenzó a fabricar cerámicas con decoraciones para la nueva clientela americana, como lo demuestran estas dos escenas argentinas, de filiación criolla: “Paisano á caballo” y “Bailando la hueya”.
     
    Medidas. Diámetro: 19,3 cm.
     
    Bélgica, hacia 1880.

    GMMM

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    Sin título (El gaucho y sus armas).

    Autor Anónimo.

    76. Óleo sobre cartón, seguramente pintado a partir de la litografía de Ibarra según dibujos de Morel. Esta imagen, tan representativa del gaucho rioplatense de la primera mitad del siglo XIX fue llevada a la piedra litográfica por Gregorio Ibarra en 1839 (también datado en 1843), incluyéndose en su llamada "Serie Grande" (Ver ítem 21).
     
    Gregorio de Ibarra fue el primer grabador nacido en Argentina que se aplicó a estos menesteres. se conocen de su producción dos conjuntos de grabados, identificados como "serie chica" y "serie grande"; la primera fue un álbum y llevó el nombre de "Trages (sic) y Costumbres de la Provincia de Buenos Ayres (sic)". La segunda, sin título, incluyó las grandes láminas estampadas a partir de los dibujos de Carlos Morel.
     
    Sobre la obra de Morel digamos que todos los estudios iconográficos del gaucho incluyen su nombre entre los artistas más destacados. Nos legó óleos sobre tela y sobre cartón, acuarelas, dibujos y las litografías que comprenden paisajes, cuadros de costumbres y retratos, además de algunas pocas obras de inspiración religiosa.
     
    No todas sus creaciones llevan la firma de autor. Sin embargo, no consideramos que la presente sea la obra original que diera pié para su traslado a la litografía. Pese a que no se ha conservado dicha creación primigenia, entendemos que ésta es una reelaboración antigua, pero posterior, y debida a la mano de un artista de muy buen arte pero que no era el mismo Morel.
     
    Medidas: 13,5 x 20 cm. La obra se presenta enmarcada.
     
    Autor anónimo. Buenos Aires, fines del siglo XIX.

    DEMM

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    El viaje.

    Castells Capurro, Enrique

    79. Acuarela sobre cartón. Medidas: 210 x 310 mm.
     
    En la acuarela se advierte la inmensidad de la pampa –refrendada por el cardo y los ñandúes que corren– y en un plano protagónico, una diligencia precedida por el postillón, gaucho a caballo.
     
    Su autor, el artista uruguayo Enrique Castells Capurro (1913 – 1987) es reconocido como uno de los más representativos dibujantes y pintores costumbristas del Río de la Plata en el siglo XX. 

    EMM

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    Federales.

    Alberto Salinas

    80. Acuarela sobre papel. Pieza dedicada por el autor: “A mi querido Antonio Acosta, con todo el cariño y afecto, Alberto. 3 /7/74.”. La obra firmada a la derecha, abajo: Alberto Salinas.
     
    Retrato de dos militares de la época de Rosas; uno de ellos, de caballería, montado. Vemos en el trazo preciso del dibujo, en la composición y en la asombrosa perfección de las figuras de los soldados y el caballo, cómo armonizan en su obra las ramas de la artes visuales que él dominaba.
     
    Pintor y dibujante de historietas Alberto Salinas (Buenos Aires, 1932 - 2004) publicó su primer personaje (Capiango) en 1950. Tres años más tarde se vinculó con la Editorial Columba, donde creó Safari Argentino. Con la editorial Record publicó las historietas El Continente negro (1977 y 1978) y Legión Extranjera, con textos de Alfredo Julio Grassi. Su personaje más famoso fue Dago, con guiones de Robin Wood; comenzó a publicarse por Columba y luego pasó a Italia editado por la revista Lanciostory. También publicó en Fleetway Publications, de Gran Bretaña. En los sesenta se abocó a la ilustración de historietas de tipo histórico como Spartaco, La batalla de Lepanto, La silla de Malta y Rulik el vikingo, con la editorial Eurostudio de Piero Dami, en Italia. Lo hizo además para la revista portuguesa Jurnal do Cuto, ilustrando la historia de Moira la Esclava de Roma. Los últimos años de su vido los dedicó a la pintura.

    OBMM

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    Sin título (Personajes gauchescos).

    Rodolfo Ramos

    82. Acuarela sobre papel, firmada y fechada: febrero de 1969.
     
    Pareja de negros; él ataviado de gaucho con chiripá, calzoncillo cribado, tirador con rastra de plata, poncho listado al hombro, pañuelo colorado y sombrero panza de burro.
     
    Esta obra fue pintada para su primera exposición individual, ilustrando el Martín Fierro, muestra que se realizó en su ciudad natal: Morón. 
     
    Su autor, por todos reconocido como el más destacado pintor costumbrista de la actualidad, desde hace largos años tiene su taller en Santa Coloma, provincia de Buenos Aires, donde bebe del paisaje, disfruta de la cultura campera y reconstruye sus personajes con precisión minuciosa.
     
    Medidas. 48 x 31 cm. Obra enmarcada. 

    BHMM

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    Estancia Madre de Dios.

    Rodolfo Ramos

    83. Acuarela sobre papel. Firmada a la izquierda, abajo. Sin fecha. Obra enmarcada.
     
    Su autor es el pintor costumbrista contemporáneo más destacado de Argentina. Presentamos aquí una obra que lo muestra en su plenitud artística. Esta pintura se publicó en la tapa del libro de Avellaneda Huergo que llevara igual título, “Estancia madre de Dios”, editado en el año 2001.
     
    Medidas: 23,3 x 16,2 cm. 

    DDMM

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    La pampa.

    Ceferino Carnacini

    86. Aguafuerte. Enmarcado.
     
    Ceferino Carnacini (1888 - 1964) fue un destacado pintor y grabador argentino. Con apenas veinte años participó junto al grupo Nexus en la exposición realizada en el Salón Costa, y en 1910 obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Arte del Centenario.
     
    En los inicios del siglo XX, Carnacini perfeccionó el oficio del grabado bajo la tutela de Pío Collivadino en la Academia Nacional de Bellas Artes. Lo hizo junto a Lino Enea Spilimbergo, Alfredo Guido y Héctor Basaldúa, entre otros. Estudió en Europa y por muchos años se dedicó a la docencia en Buenos Aires. Participó casi ininterrumpidamente en los salones nacionales hasta 1963.
     
    Aquí lo encontramos en un característico grabado al aguafuerte con una temática costumbrista, típica en su producción plástica.
     
    Medidas: 37,4 x 50 cm. Ejemplar titulado y firmado por su autor. 

    SMM

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    “El descanso del gaucho y su caballo”. 1975.

    Washington C. Pujol

    87. Escultura en cerámica esmaltada. Completan los materiales una cuerda y alambres.
     
    La figura representa a un gaucho y su caballo descansando luego de una larga jornada. El hombre, apoyado sobre el lomo del animal, sostiene su sombrero. El rostro denota, con maestría de realización, la expresión del cansancio, con los ojos cerrados y la boca abierta, en profundo suspiro.
     
    El caballo aprovecha la pausa para comer. Tanto el alimento que se lleva a la boca, como un montículo pegado a su pata delantera derecha, funcionan como sostenes del peso de la escultura, procedimiento habitual en este tipo de piezas. A su vez, toda la figura se apoya sobre un basamento realizado en el mismo barro, formando una pieza única, sin partes o uniones aplicadas posteriormente a la ejecución de la escultura. La textura irregular del basamento, como sus desniveles, nos remiten a una porción del entorno natural de la escena.
     
    También vemos la buena mano de este escultor (un conocedor de las anatomías humana y equina) en la posición de ambos personajes: el gaucho descansa sobre su lado derecho, con dicha pierna como apoyo de todo su cuerpo. A su vez el caballo responde al peso del cuerpo del hombre, torciéndose ligeramente hacia atrás, y contrarrestando la fuerza, extiende su pata trasera derecha. El resultado es una composición, que a pesar de la quietud de la situación que representa, sostiene líneas de fuerzas y movimiento.
     
    Medidas: frente: 34 cm., profundidad: 21,5 cm., altura: 30,5 cm.
     
    En el basamento, a la derecha, la firma: “Washington C. Pujol 1975”, escrita en el barro.

    GHMM

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    Par de espuelas chilenas de hierro, damasquinadas.

    89. Importante par de espuelas de hierro decoradas con láminas de plata caladas y cinceladas, así como también damasquinadas con el mismo metal. Pihuelo recto con su típica rodaja chilena formada con un hierro redondo de doble cono (con su centro de mayor diámetro) calado de forma radial. En los extremos de los arcos, caladuras para fijar las correas y ornamentación con tetones, al igual que en el diminuto rodete.
     
    A propósito de las espuelas tan características en este país, trascribimos la voz erudita de Tomás Lago, que afirmó: “(...) en Chile aumentó la obra manual estimulada por los jesuitas en las actividades industriales de su orden que abasteció est
    as cosas para un uso seleccionado, que a la larga fue adoptado “por todos” como bien común. Traído como artesanía para los ricos, de clase superior: Gobernadores, Encomenderos, Mayorazgos, autoridades eclesiásticas, el uso práctico de los caballos en la vida diaria lo propagó en todas partes.”
     
    Medidas. Largo total: 24 cm. Ancho: 9 cm. Rodaja: 12,5 cm.
     
    Chile. Primera mitad del siglo XX. 

    GBMM

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    Par de taloneras de bronce.

    90. Entre los avíos del huaso, jinete chileno, también se utilizaron las taloneras, fijadas por una correa de cuero, en las que se calzaba el arco de la espuela. Las había de suela, de hierro y de bronce, como las que ahora presentamos.
     
     Estas, de factura sencilla, poseen la gracia de las piezas originales, aquellas que el uso las dignifica con sus huellas y desgastes.
     
    Medidas. Alto: cm. Largo: cm.
     
    Chile, principios siglo XX.

    BMM

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    Par de cabezales de silla de montar.

    91. Realizados en bronce, calados, presentan las formas de los fustes delantero y trasero de la silla de montar típica chilena. La decoran al mismo tiempo que la fortalecen.
     
    Medidas (primero del fuste delantero y luego del posterior). Alto: 15,2 y 14,1 cm. Largo máximo: 22,2 y 18 cm.
     
    Chile, principios del siglo XX.

    EMM

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    Freno de hierro damasquinado.

    92. Freno forjado en hierro  con su pontezuela rígida y decorada con detalles de ataujía o damasquinado hechos con finas láminas de plata. Barbada cilíndrica o de argolla que  se amarra al potente puente. Cuatro argollas, las más pequeñas con ornamentación de damasquinado.
     
    Estos frenos son propios de los jinetes chilenos, adaptados al fuerte caballo criollo de aquel país, conocido como caballo corralero, bien preparado para la violenta equitación del rodeo.
     
    Medidas. Largo máximo: cm. 26,2 cm. Ancho máximo: 13,5 cm.
     
    Chile, principios del siglo XX.

    EHM

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    Conjunto de tres espuela de charro.

    93. Testimonial conjunto de tres espuelas solitarias del charro. En su terminología, el arco lleva por nombre “caja”, es semicircular, forjada en hierro, y en ocasiones se adorna con incrustaciones de plata, como el ejemplar del centro en la imagen. El pihuelo, “casquillejo” en la jerga charra, de forma lobular, calado o no, sostiene la rodaja, en nuestras versiones, de pocas “espigas” y muy largas, allí llamadas cantarinas y las de púas más largas, “nazarenas”.
     
    Medidas. Largo: entre 19 y 23 cm.
     
    México, siglo XIX.

    IEM

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    Par de estribo tipo sandalia o “de cajón”, en madera.

    96. Par de estribos de madera “de cajón” inspirados en las formas de los estribos de metal venidos de la Península Ibérica. Su contorno presenta un fleje de hierro y el ojo del estribo está sujeto a un zuncho de hierro. Sobre el empeine una sencilla talla tipo radial.
     
    Aquellos estribos ganaderos de Europa fueron sustituidos en América por formas similares aunque realizados en madera. El hierro era un material muy escaso (aún no se explotaban las minas de este metal en suelo hispanoamericano) y se lo sustituía con los elementos que estuvieran al alcance de la mano. Así es que hallamos formas similares fundidas en bronce, aleación obtenida a partir del cobre que sí se extraía de los yacimientos andinos.
     
    Medidas. Largo 30 cm. Alto 19 cm.
     
    Perú, hacia fines del siglo XVIII. 

    OHMM

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    Par de estribos sandalia de bronce.

    97. En la geografía accidentada de la región andina, los jinetes adoptaron un estribo de gran cobertura para que les protegiera el pie, confeccionado en madera o metal, según la disponibilidad del medio y del propietario. Sus líneas de clara herencia europea se asemejan al calzado de madera utilizado en Galicia, y al llamado “medio celemín”, estribo oriundo de España y Portugal, construido a modo de cajón, también en madera o eventualmente, en hierro. (Ver ítem 106)
     
    En la América española, los estribos “zuecos” eran confeccionados en bronce. Su diseño adoptó la forma del zueco, zoco o galocha de procedencia gallega, aunque se le quitó su tramo posterior, dejando el talón libre, para facilitar el retiro del pie ante una posible caída; y obviamente, se le agregó un travesaño en su porción superior, desde donde se lo ajusta a la estribera. En la descripción de sus formas, digamos que presenta una superficie lisa o decorada, con dos especies de orejas, desde donde se fija el travesaño. Estas salientes –en general fundidas– suelen ornamentarse con la forma de una típica concha marina, o rocalla, como es el caso del ejemplar aquí estudiado.
     
    D. José de San Martín –para citar un ejemplo de gran valor histórico- dispuso de un par de estribos de origen peruano, realizados en bronce, los que ensilló en su Campaña Libertadora del Perú. Hoy los podemos apreciar en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.
     
    Medidas. Largo: 24 cm. Entrada del pie: 11 cm.
     
    Colombia segunda mitad del siglo XIX.

    EMM

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    Freno de hierro forjado.

    99. Excepcional freno de hierro forjado, con sus largas camas bellamente ornamentadas con roleos y ojales en el tramo de sus piernas, y de forma rectangular y potente en la porción de sus brazos. La embocadura deviene hacia el centro en el puente que remata en un cuerpo semicircular, y tiene su eje dividido al centro en dos segmentos por lado, los que alojan “limoncillos” o “sabores” de distinto tamaño.
     
    Más allá de la fortaleza mecánica del freno se impone la gracia artística del herrero que lo forjara. Sin duda, obra de un gran maestro.
     
    Medidas. Largo máximo: 28 cm. Ancho: 13,8 cm.
     
    Alto Perú, siglo XVIII.

    IMM

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    Freno forjado.

    100. Imponente freno elaborado en un taller de forja. Sus camas cortas divididas en dos secciones; las superiores o brazos, de forma rectangular, caladas y con detalles de cincel, y las inferiores o piernas, en forma de “S”, con destorcedores para un par de las riendas y un gancho forjado para el otro.
     
    Desde el centro de la embocadura parte un artístico puente; aquella presenta dos ejes por lado, con simétricos juegos de “sabores” o “limoncillos”. La barbada probablemente fue de cadenas, conservándose un tramo de ella.
     
    Los detalles de calados y cincelados hacen a la distinción de la obra, una pieza de cuidada factura.
     
    Medidas. Largo máximo: 16,8 cm. Ancho: 15,4 cm.
     
    Bolivia, siglo XIX.

    IEM




  • A caballo por el Viejo Mundo


     
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    102. DADO DE BAJA

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    Freno español de hierro forjado.

    104. Freno o bocado de hierro forjado, con su puente articulado y formado por dos cuerpos huecos. Sus camas, de gran resolución plástica, con roleos y huecos en los que se fijaban la cabezada y las riendas.
     
    Fino trabajo de herrería.
     
    Medidas. Camas (largo): 19 cm. Ancho: 22 cm.
     
    España, siglo XVII.

    OOMM

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    Freno español de hierro forjado.

    105. Freno o bocado de caballo realizado en hierro forjado. Su puente o embocadura, articulado y con limoncillos (tres de un lado y dos del otro), también forjados. Las camas con un grácil movimiento dan cuenta de la pericia del herrero que lo realizara.
     
    Obra de gran factura.
     
    Medidas. Camas (largo): 20,4 cm. Ancho: 21,6 cm.

    OOMM
     
    España, siglo XVII.

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    Par de estribos de vaqueros en hierro.

    106. Par de estribos de vaqueros tipo “medio celemín” realizados en hierro forjado, con las líneas que en América y tallados en una pieza de madera derivan en las formas denominadas como “baúl”, o “cajón”.
     
    Su base es rectangular y los lados en forma de medio círculo, con un zuncho y un eje en el travesaño superior donde se encuentra el ojo.
     
    Desde la conquista se trasladaron hacia el Nuevo Mundo, donde se tallaban en madera debido a la escasez del hierro; se los ubica en nuestro continente en el Alto Perú y en Brasil. Este tipo de estribos protege la punta del pie, lo que se hace muy práctico para las tareas con vacunos enastados y su uso en zonas pedregosas. Es el mismo principio que utilizan en el llamado estribo “trompa de chancho” (tallado en madera) o el “capacho”, de cuero.
     
    Medidas. Alto: 9 cm. Largo: 18 cm.
     
    Portugal. Siglo XIX. 

    GDHM

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    Matra “altoperuana”.

    109. Tejida en lana de oveja teñida, con franjas de colores de armónica distribución. Se diferencia de la anteriormente descripta por sus diseños ornamentales -geométricos, con rombos escalonados, zig zag y otras figuras, y ornitomorfos- realizados sin simetría en espejo, con una campo centra diferencial.
     
    La flecadura perimetral es de rapacejo obtenido por tres hileras de wrapping (envoltura de las lanas en pequeños paquetes).
     
    Medidas: 79 x 73 cm. Flecos: 6 cm.
     
    Bolivia, segunda mitad del siglo XIX.

    IMM

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    Faja de la etnia quechua, estilo post virreinal.

    110. Tejida con técnica de laboreo en lana de oveja hilada a huso y teñida con tintes naturales.
     
    Diseño floral recurrente. Su tejido es laxo para lograr elasticidad y así dar más adherencia a la cintura.  En un extremo, flecos trenzados en cintas y reunidos para proseguir en una larga cinta de amarre.
     
    Medidas. Largo: 418 cm. Ancho: 6 cm. Flecos: 14,5 cm.
     
    Bolivia, Calcha, segunda mitad del siglo XIX

    LHM

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    Faja de la etnia quechua, estilo post virreinal.

    111. Tejida en lana de oveja, con técnica de laboreo. Colores obtenidos de tintes naturales.
    En tanto que en los ayllus de Calcha se dedicaron a tejer fajas muy finas, de gran delicadeza y complejidad, en Cotagaita se mantuvo la tradición de tejer fajas de cintura. Ésta denota mayor complejidad que la anterior y mayor definición de sus diseños.
     
    La tejedora muestra su habilidad en el primer metro de la pieza, con dibujos variados en los que no faltan motivos barrocos, pero luego dibuja en forma recurrente el motivo floral característico de la región. Un detalle que exalta la virtud de la artesana y la calidad del tejido es la existencia de un fino borde geométrico que imita el awakipa o ñawi-ñawi, es decir los ojitos, de los ribetes de los ponchos del territorio potosino.
     
    Medidas. Largo: 360 cm. Ancho: 7 cm. Flecos: 14,5 cm.
     
    Bolivia, Cotagaita (Potosí). 

    EEM

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    Faja de la etnia quechua, estilo post virreinal.

    112. Tejida en lana de alpaca hilada a uso, con técnica de laboreo. Los colores obtenidos con tintes naturales.
     
    Esta pieza presenta diseño sinfín con representación de la serpiente. En cuanto a las destrezas del primer metro de tejido, la tejedora  las ubica como complemento del motivo central. Con flecos en uno de sus extremos.
     
    Medidas. Largo: 367 cm. Ancho: 5,5 cm.
     
    Bolivia, Cotagaita, primera mitad del siglo XX.

    SBM

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    “Ch´uspa” estilo Candelaria.

    113. Bolsa o morral realizado con un tejido de gran calidad, destinado a guardar tabaco, coca, dinero o documentos, de generoso tamaño. En la cara anterior (el frente de la misma), su "pallay" se forma con siete guardas con figuras de caballos embanderados. Entre ellas, una guarda con el nombre de su propietario: Santiago Gonzales. En el centro de la pieza, una lista de diversos motivos zoomorfos, y en el tramo superior de ésta, una falsa tapita, de pequeñas dimensiones, con un felino y dos borlas. En la cara posterior, otro diseño en un tejido con listas horizontales y transversales, y una guarda superior de figuras zoomorfas (¿patos o perdices?). En su tramo inferior, el contenedor remata en un borde con tejido tubular y cuatro borlas prietas. Con cinta a modo de correa.
     
    El estilo Candelaria, para la clasificación de Teresa Gisbert, es un sub-estilo Tarabuco.
     
    Medidas. Contenedor. Largo: 20,5 cm. Ancho: 21 cm. Cinta. Largo: 42 cm. Ancho: 0,7 cm.
    Candelaria, Tarabuco (Sucre). Bolivia. Hacia 1970.

    OBM




  • ¿Cosas de niños?

     
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    Montura de cuero con estribos y estriberas.

    114. Montura para niños tipo mexicana “sin pico”; con su arzón delantero finamente repujado a mano, al igual que su asiento con peineta y sus faldas de ángulos rectos. Las estriberas con “guarda piernas” y estribos tipo “capachos” en suela, también repujados.
     
    Casimiro Gómez, la famosa talabartería porteña fundada en 1868 ofrecía en sus catálogos de los años ´20 y ´30, monturas “mejicanas sin pico” para niños. La que aquí presentamos va en franca sintonía con las fabricadas en esta casa, aunque no posee marcas de autoría.
     
    Medidas. Largo: 36,5 cm. Alto de la silla de montar: 18,5 cm.

    OOMM

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    Colección de mates de plata de miniatura.

    118. Colección de diecisiete mates de miniatura. Plata -uno en metal blanco-, oro doublé, calabaza y madera. Diez de ellos con su bombilla. Uno con la marca de Casa Escasany.
     
    El conjunto recrea diversos diseños del mate criollo; las piezas de plata con un ángel en el astil y las que se sostienen sobre variantes con patas; las de madera torneada propias de Salta -con monturas de plata apenas buriladas- y los mates de calabaza con ciertos detalle de plata cincelada.
     
    Medidas. El mate más grande (alto): 10 cm. El mate más pequeño (alto): 4 cm.
     
    Argentina, primera mitad del siglo XX.

    GHMM

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    Muestrario de artes criollas.

    117. Singular conjunto de miniaturas. Plata con detalles en oro doublé, cuero, madera y hueso.
     
    En el aprendizaje de los oficios, maestros eran quienes dominaban sus secretos al punto de elaborar obras en escala y de muy pequeñas dimensiones. Hemos reunido aquí, de diversas manos, esta bella colección de piezas del apero criollo y del gaucho. Representan distintos oficios y hasta épocas, pero todas seducen por su belleza y originalidad. Reunirlas ha sido el fruto de años de búsqueda.
     
    Medidas. Para comprender la escala, el largo de la montura (el basto) es de 10 cm.
     
    Buenos Aires, mediados del siglo XX.

    GHMM

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    Berlina de Viaje de cinco cristales.

    119. Madera y metal.
     
    Medidas. Largo total: 50 cm. Alto: 18 cm. Ancho: 117,8 cm.
     
    Buenos Aires, hacia 1990.

    LEM

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    Amansadora de trabajo

    120. Madera pintada.
     
    Medidas. Largo: 38,5 cm. Ancho: 23 cm. Alto: 19 cm.
     
    Santiago del Estero, hacia 1950.

    OHM

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