UNA COLECCIÓN QUE DISEÑÓ SU FUTURO, LA “IMAGOTECA PARAGUAYA”.



Pasaje de Humaitá. Blanchard (d) según croquis de Paranhos. En L´Illustration. Paris. 18 abril 1868.

Billete de Un Real creado por ley en 1865. Reverso en blanco.

Ticio Escobar,

(Asunción, Paraguay, 1947).

 

Curador, profesor, crítico de arte y promotor cultural. Se desempeñó como Presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte-Paraguay, Presidente Fundador de la Asociación de Apoyo a las Comunidades Indígenas del Paraguay, Director de Cultura de Asunción y Ministro de Cultura de Paraguay. Fundó con sus colecciones el Museo de Arte Indígena del Centro de Artes Visuales. Es autor de la Ley Nacional de Cultura de Paraguay y coautor de la Ley Nacional de Patrimonio. Ha realizado curadurías nacionales e internacionales. Tiene escrita una quincena de libros individuales sobre teoría del arte y la cultura. Ha recibido condecoraciones otorgadas por gobiernos extranjeros, así como diferentes distinciones y premios internacionales y doctorados honoris causa. Actualmente se desempeña como Director del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro.


La buena noticia nos motivó a realizar un artículo para compartir con nuestros lectores. En ese plan, entrevistamos en forma virtual a la protagonista, la doctora Milda Rivarola, y le solicitamos su opinión al doctor Ticio Escobar, dos referentes del Paraguay cultural. Con la entrevista armamos el texto y pensábamos incorporar al mismo los conceptos del investigador y referente de toda Latinoamérica, pero cuando nos llegó su respuesta, el contenido era de tal jerarquía que decidimos publicarlo en forma independiente, pues se trata de un mini ensayo de gran valía. 



LA TRAMA MENUDA DE LA HISTORIA

Por Ticio Escobar


En nuestro país -nota del editor: el autor, experto paraguayo, alude a su país-, muchas, demasiadas, personas se apropian de importantes bienes públicos para enriquecer sus patrimonios privados. Otras, pocas, realizan el movimiento inverso: ponen valiosos bienes particulares a disposición del uso público. Tal el caso de Milda Rivarola que, aparte de haber conformado una fundamental biblioteca, desde hace 40 años viene colectando mapas, grabados, fotografías, cartas postales, monedas y documentos indispensables para el estudio de la historia y, en general, de la cultura del Paraguay y la región. Clasificado y referenciado según criterios pertinentes, este acervo de casi 3.000 piezas circula gratuitamente mediante una página web denominada Imagoteca.com.py.


Los criterios patrimoniales y editoriales que orientan la formación de los acervos y su puesta en presentación me inducen a algunas reflexiones vinculadas con el ámbito de mi trabajo. Dado lo extenso y variado del material, me circunscribo a la fotografía, consciente de que lo dicho en relación con este campo puede servir para encarar otros, especialmente el correspondiente al grabado.


Resulta significativo que este programa se desarrolle bajo la invocación de la imagen, componente primordial, aunque no único, de la colección. Fuera del omnipresente esteticismo blando de la imagen, promovido por la sociedad de la publicidad, la información y el espectáculo, la imagen es asumida en esta colección en sus posibilidades de conectarse con su propio tiempo y acercar indicios de realidades que escapan al registro documental. La autora de la colección dice que tradicionalmente no se consideraba la imagen como fuente de la historia; recién desde los años ’30 es empleada como ilustración de textos. La fotografía sirve hoy, y eso es claro en esta colección, no solo como ilustración de los contenidos desarrollados en el texto, sino como dispositivo para enriquecer la historia, la estética y la antropología, como en general la teoría social, con las marcas del tiempo, las sugerencias del fuera de cuadro y las pistas que provee la representación de actores y escenas omitidos por la historia oficialista.


¿Cuál es la razón de ese cambio en la valoración de la imagen como fuente histórica? Básicamente el enfoque micropolítico que, sin dejar otras perspectivas, incorpora Milda Rivarola: la historia no solo crece con los grandes nombres, el registro epicista y los relatos de la lucha por el poder y la conquista de los derechos. Crece también, y sobre todo, con los movimientos de la subjetividad y los afectos y con los empujes de la imaginación creadora. Crece, en fin, con la presión del inconsciente y del deseo en la memoria colectiva. Por eso, este acervo trata con especial atención escenas menores, labores y ocupaciones cotidianas, rostros comunes, anónimos y registros de las maneras diversas de vivir, pensar y sentir. Muestra circunstancias y personajes tradicionalmente considerados en clave pintoresquista, en general desechados por la historia oficial: el mundo de la niñez, el protagonismo de las mujeres y escenas diversas de indígenas, campesinos, inmigrantes y trabajadores encargados de oficios modestos.


El cambio de perspectiva relativo a los alcances de la imagen replantea, por un lado, los vínculos entre la foto-ilustración y la foto-documento y, consecuentemente, la relación entre el registro y la memoria y los vaivenes entre la micro y la macro historia. Por otra parte, ese cambio permite flexibilizar los límites entre la fotografía documental y la estética: la más “objetiva” de las representaciones se encuentra siempre marcada por cifras que provienen del afuera de la fotografía y que, a su vez, manifiestan pormenores que la sensibilidad del fotógrafo y de la mirada pudieron detectar más allá de lo que habilita la pura técnica. Por último, la representación y puesta en escena de agentes sociales invisibilizados por la mirada hegemónica constituyen, según el pensador Jacques Rancière, el gesto político fundacional.


Milda Rivarola asume esas diversas posibilidades y las deja dispuestas al alcance gratuito de investigadores, profesores, alumnos e interesados en general en la historia y sus intersticios. Este aporte resulta primordial: no solo provee información valiosa y en gran parte desconocida; también orienta la mirada hacia la intimidad de la trama colectiva y permite, así, enriquecer el análisis social con datos de la historia menuda y el vivir diferente.



MILDA RIVAROLA, UN EJEMPLO A SEGUIR.


En general, todo coleccionista imagina un horizonte para su acervo: lo continuará un descendiente, será donado a una entidad pública, formará parte de un museo creado por dicho coleccionista, retornará al mercado a través de una casa de subastas o de un profesional especializado, galerista, anticuario, librero... O, como lo ha resuelto la historiadora paraguaya Milda Rivarola (Asunción, 1955), formará parte de un espacio virtual a disposición del mundo entero.


Tomamos conocimiento de esta iniciativa y de inmediato nos comunicamos con la doctora Rivarola -historiadora, socióloga e ingeniera agrónoma- para conocer los detalles de su propuesta. “Imagoteca Paraguaya”, así denominó a su sitio web, reúne ya más de tres mil imágenes -fotografías y grabados-, seiscientos mapas, novecientas cartas postales y un apartado de numismática; un patrimonio de libre uso -hasta para su reproducción-, ya que solo se requiere citar la fuente.


Como investigadora, Milda Rivarola tiene una especialización en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, y un posgrado en el Instituto de Estudios Panibéricos de España. Miembro de la Academia Paraguaya de la Historia y fundadora de la Asociación de Estudios Paraguayos ha publicado decenas de textos sobre la historia social y política de su tierra. Con magros recursos inició su colección comprando lo que podía allá por 1983, y desde aquellas recolecciones iniciales, nunca se detuvo. Hoy posee uno de los patrimonios más completos sobre la historia iconográfica de su patria en manos privadas y en muchas de esas obras, su ejemplar es el único conservado en el Paraguay.


Comprometida con su labor de historiadora, destaca el valor de estos reservorios y en una decisión que la distingue, lo ofrece a la comunidad, a sus pares investigadores y al hombre de a pie que desea indagar en su propia identidad. Un ejemplo que debería inspirar otras iniciativas similares a lo largo de América. 



Coleccionista e historiadora

HILARIO: Usted es una investigadora comprometida con la cultura de su país. ¿En qué momento se inició como coleccionista o, mejor dicho, en qué momento se auto percibió como coleccionista?


MILDA RIVAROLA: La estadía en Brasil y en países europeos (Francia, España), en la década de los ’80, me abrió los ojos hacia el voluminoso material iconográfico existente sobre el Paraguay, pero de muy difícil acceso dentro del país. Coincidió con un cambio de orientación académica y profesional, de la sociología hacia la historia.


Los coleccionistas somos personas obsesivas, de una pasión insaciable. Supongo que nos auto percibimos como tales en la medida que nuestro acervo se incrementa, cualitativa y cuantitativamente. Y se completa (si eso es posible) en ciertas áreas priorizadas por nuestro interés. Pero es un proceso largo, puede llevar una vida entera.


H. Con esfuerzos siempre escasos de nuestros estados nacionales, ¿en qué plano advierte la necesidad de promover una relación virtuosa entre colecciones públicas y particulares?


MR: En Estados que apenas invierten en fondos culturales, como el paraguayo, el rol de bibliófilos y coleccionistas es casi de sustitución, nos vemos obligados a hacer lo que el sector público no asume como función. E invertir en la creación de museos, bibliotecas, videotecas, bancos de imágenes. 


Una vez completados esos acervos privados, los Estados deberían establecer medidas de protección, evitar su destrucción, pérdida u olvido en el futuro. Lo que, de paso, es la gran preocupación de todo coleccionista. No me refiero a medidas expropiadoras, sino a instrumentos legales -tipo leasings- que permitan la continuidad de esos fondos culturales, y su acceso al público interesado.


H: Hay una opinión generalizada entre los coleccionistas que recuerdan más la obra no adquirida que algunas que ya forman parte de su colección. ¿Usted también se lamenta por las obras no incorporadas?  


MR: Siempre habrá mapas, o grabados, o fotos, cuya existencia conocemos de alguna reproducción publicada en libros o revistas, y que nunca encontramos en el mercado. Incluso ahora, que éste se ha mundializado con las herramientas digitales del internet. 


A veces hay suerte. En mis tiempos de estudiante, en la Biblioteca Nacional parisina, vi un bello grabado en metal, a página completa, de dos mujeres Toba peleando entre ellas. Ni siquiera registré la fuente, en ese momento. Pero seguía guardando esa imagen en la memoria. Cuatro décadas más tarde el grabado llegó a mis manos, casi milagrosamente, al adquirir una serie de decenas de artículos de 1884/9, de un expedicionario francés en el Chaco. Pensé entonces que las piezas también buscan a sus coleccionistas.


H: Nos hemos informado sobre una feliz decisión adoptada por usted, la de crear la Imagoteca Paraguaya con su patrimonio. Nos puede adelantar cómo nació esta idea, ya que no caben dudas, se requiere de una firme voluntad y de una estrategia de recursos para que se sostenga en el tiempo.


MR: La decisión vino con el encierro forzoso de la pandemia. Al basarse en imágenes, con soporte en papel, en las últimas décadas ya había tenido el cuidado de ir digitalizando paulatinamente ese acervo, y de indexarlo como medida de registro personal. Y la inversión mayor, la de buscar y adquirir esos originales, ya estaba hecha.


Está, además, el maravilloso recurso de las tecnologías digitales. Los historiadores estamos más entrenados a usar recursos escritos (de archivos, bibliotecas) que fuentes visuales. Lo que implicó nuevos aprendizajes personales (soportes, identificación de firmas/ autores, técnicas de impresión, escuelas artísticas, etc.). Y entendí que esas miles de imágenes constituían una suerte de patrimonio cultural, inaccesible hasta ahora en Paraguay, que debía ser ofrecido a toda la gente.


H. Por último, ¿cómo accede el público a la Imagoteca Paraguaya?, y se lo preguntamos desde la mirada de quienes podrán disponer de su acervo para estudios y para ampliar conocimientos, y desde la perspectiva de quienes, advirtiendo que allí estarán preservadas sus obras, decidan donar para incrementar el patrimonio de la Imagoteca.


MR: Es un portal, www.imagoteca.com.py, abierto y gratuito. Puede usarse el buscador para explorar temas, o ir “pasando páginas” de cada acervo, el de cartografía, cartas postales, grabados, fotos, numismática, etc.


Resta advertir que es una tarea inacabada, por su carácter mismo. Cada semana voy alzando nuevas imágenes recién adquiridas, y aún me falta levantar miles de fotos “secundarias”, las publicadas en textos de viajeros, exploradores, diplomáticos y científicos, desde la década de 1880 hasta 1950. Es una forma de seguir dándole vida a ese proyecto.


Titánica tarea la de Milda Rivarola.



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